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Por HUGO ILLERA
Barranquilla,
octubre a febrero, 2002/2003
En toda obra, asi sea autobiográfica, normalmente aparecen olvidos e imprecisiones pero, encontrar gazapos, sin buscarlos, y luego buscarlos y encontrarlos en Vivir para Contarla es casi tan feo e irreverente como estar fisgoneando la intimidad de García Márquez y es, de hecho, casi un despropósito por tratarse de quien es: un hombre que, a toda costa, ha dejado que sean sus escritos los que hablen por él manteniendo una raya permanente y bien delineada entre su vida privada y su vida pública.

La primera, nutrida desde su nacimiento en la casa de Aracataca, incrementada en su aprendizaje en Cartagena y Barranquilla, saturada por su llegada a Zipaquirá y madurada en el cordón Bogotá - El Espectador - Grupo de Barranquilla - Europa y, concretamente, París.

La segunda protegida en su totalidad. Sus amores, sus amigos, sus alcahuetas, el cocodrilo sagrado (Mercedes Barcha, su esposa), la alergia a los reconocimientos, a la sapería y al lagartismo, su distancia y a la vez cercanía con el olor de la guayaba y el circulo inequívoco donde solo entran, para no salir jamás, aquellas personas, situaciones y anécdotas que son del entorno propio de su corazón.

Sin embargo, el caso de Martina Fonseca merece que Gabo la sitúe, con mayor precisión, para que ese amor ardiente no quede desubicado en el tiempo y en el espacio a pesar de  los recurrentes y emotivos recuerdos que ocupan varias páginas. Creo, sin duda, que no se vale y que, por única vez, Gabo no puede dejarnos con la incertidumbre de conocer a ciencia cierta a esa mujer torbellino que le alteró su vida para siempre.

Buscar a Martina Fonseca es un imperativo de vida y una urgencia literaria porque, esa mujer, es un icono en el comienzo de la pubertad azarosa que llevó, al entonces Gabito, a la decisión de vivir la vida como la quería vivir.

Es posible que Martina ya sea un fantasma dentro del realismo-real pero el recuerdo, la historia, no puede quedar envuelta en una duda de tiempo y en un final simple de una despedida fría en un hotel frío de la fría Bogotá. Ese amor ardiente merece otra suerte.

APARECE MARTINA FONSECA EN BARRANQUILLA

-Un día que esperaba a Cesar del Valle leyendo en la sala de su casa, había llegado a buscarlo una mujer sorprendente. Se llamaba Martina Fonseca y era una blanca vaciada en un molde de mulata, inteligente y autónoma que bien podía ser la amante del poeta. (PAGINA 204)

GABO SITÚA A MARTINA FONSECA EN CIÉNAGA

El domingo 22 de Marzo en el Diario Jornada, de la Universidad Autónoma de México, y el lunes 23 de Marzo de 1998, en el diario El País de Madrid, Gabriel García Márquez hizo un adelanto, primero de su obra autobiográfica, en la que ubicó a Martina Fonseca en Ciénaga y no en el Barrio San Roque de Barranquilla, donde vivía el poeta César del Valle, y a donde  había llegado él de la mano de Valentina García, hija de Eliécer García, hermano de su abuela paterna. Su primer “recuerdo” de Martina Fonseca fue así:

Mi madre debía pensar lo mismo del mar de Ciénaga, pues, tan pronto como lo vio aparecer en la ventanilla del coche, suspiró: «No hay mar como el de Riohacha». En esa ocasión le conté mi recuerdo de las gallinas ahogadas y, como a todos los adultos, le pareció que era una alucinación de la niñez. Luego siguió contemplando cada lugar que encontrábamos en el camino, y yo sabía lo que pensaba de cada uno por los cambios de su silencio. Pasamos frente al barrio de tolerancia al otro lado de la línea del tren, con sus casitas de colores con techos oxidados y los viejos loros de Paramaribo que llamaban a los clientes en portugués desde los aros colgados en los aleros. Pasamos por el abrevadero de las locomotoras con la inmensa bóveda de hierro en la cual se refugiaban para dormir los pájaros migratorios y las gaviotas perdidas. Pasamos por la casa siniestra donde asesinaron a Martina Fonseca. Bordeamos la ciudad sin entrar, pero vimos las calles anchas y desoladas, y las casas del antiguo esplendor, de un solo piso con ventanas de cuerpo entero, donde los ejercicios de piano se repetían sin descanso desde el amanecer. De pronto, mi madre señaló con el dedo.

«Mira», me dijo. «Ahí fue donde se acabó el mundo».

GABO BORRA A MARTINA FONSECA
En el anterior texto, el primero, la obra se llamaba VIVIR PARA CONTARLO. La versión impresa y definitiva es algo diferente aunque lo que más se destaca es la ausencia del tema Martina Fonseca que Gabo narra como un asesinato en una casa siniestra en el original de 1998:

Mi madre debía pensar lo mismo del mar de Ciénaga, pues tan pronto como lo vio aparecer a la izquierda del coche, suspiró:

- ¡No hay como el mar de Riohacha!

En esa ocasión le conté mi recuerdo de las gallinas ahogadas y, como a todos los adultos, le pareció que era una alucinación de niñez. Luego siguió contemplando cada lugar que encontrábamos en el camino, y yo sabía lo que pensaba de cada uno por los cambios de su silencio. Pasamos frente al barrio de tolerancia al otro lado de la línea del tren con casitas de colores con techos oxidados y los viejos loros de Paramaribo que llamaban a los clientes en portugués desde los aros colgados en los aleros. Pasamos por el abrevadero de las locomotoras, con la inmensa bóveda de en la cual se refugiaban para dormir los pájaros migratorios y las gaviotas perdidas. Bordeamos la ciudad sin entrar, pero vimos las calles anchas y desoladas, y las casas del antiguo esplendor, de un solo piso con ventanas de cuerpo entero, donde los ejercicios de piano se repetían sin descanso desde el amanecer. De pronto, mi madre señaló con el dedo.

- Mira - me dijo - . Ahí fue donde se acabó el mundo.

Como se puede notar, después de los pájaros migratorios y las gaviotas perdidas estaba la referencia a Martina Fonseca y su asesinato en una casa siniestra pero ésta fue borrada en el texto final para reaparecer en el barrio San Roque de Barranquilla en otro espacio histórico y en otras evocaciones.

Pudiéramos pensar que la Martina Fonseca del barrio San Roque de Barranquilla es la misma que fue asesinada en la casa siniestra de Ciénaga, pero no. Martina fue la primera traga o primer “encoñe” del joven Gabriel tal y como lo relata con pelos y señales en las páginas 204, 205 y 206 cuando solo tenía quince  años y cuando la misma Martina, sin quererlo, hizo que se mudara de Barranquilla y fuera a estudiar a Zipaquirá y se llevara consigo un método infalible de estudios que lo convirtió en el mejor alumno de su curso del Colegio San José en 1942 camino de cumplir los dieciséis y,  con el cual, terminó sus estudios de bachillerato para cumplirle la promesa a sus padres.

Martina no fue una mujer de paso. Martina marcó a Gabo para siempre. La llevó firmemente en su pensamiento pasando por encima de ser mujer ajena cuyo marido era práctico de los buques del Río Magdalena. Gabo se acordaba de Martina en los estudios, en sus vacaciones y hasta la añoraba en su soledad bogotana como deja constancia en la página 563:

Era un marzo de vientos glaciales y la llovizna polvorienta aumentaba la carga de mis remordimientos. Antes de enfrentarme a la sala de redacción abrumado por la derrota me refugié en el vecino hotel Continental y ordené un trago doble en el mostrador del bar solitario. Me lo tomaba a sorbos lentos, sin quitarme siquiera el grueso abrigo ministerial, cuando sentí una voz muy dulce casi en el odio:

- El que bebe solo muere solo.

- Dios te oiga, bella – contesté con el alma en la boca, convencido de que era Martina Fonseca.

La voz dejó en el aire un rastro de gardenias tibias, pero no era ella. La vi salir por la puerta giratoria y desaparecer con su inolvidable paraguas amarillo en la avenida embarrada por la lluvia.

MARTINA FONSECA EN BOGOTÁ
El asunto terminara ahí si Gabo no se tomara el trabajo de volver  a hablar de Martina Fonseca en las páginas 559, 560 y 561 cuando la vio, por última vez, en el mismo Hotel Continental donde la añoró en aquel bar glacial y con la lluvia interminable de Bogotá como fondo. Martina, como se colige, no fue una más. Martina fue una muy definida que se situó por encima de Nigromanta (Matilde) y Maria Alejandrina Cervantes sus otras tragas de hombre púber.

Cuando se dio el último encuentro en Bogotá Gabo trabajaba ya en El Espectador y no tenía quince años sino veintisiete. Habían pasado doce años.

Su relato comienza así:
Recuerdo – como si hubiera sido ayer – que estaba escribiendo el último capítulo de la serie cuando sonó el teléfono en mi escritorio y reconocí el instante la voz radiante de Martina Fonseca.

-¿Aló?

Gabo fue al Hotel Continental y, en sus memorias, hace un recuento certero de ese encuentro con pelos y señales.

Nos tomamos tres tazas mortales de café y nos fumamos juntos medio paquete de cigarrillos bastos buscando a tientas el camino para conversar sin hablar, hasta que se atrevió a preguntarme si alguna vez había pensado en ella. Solo entonces le dije la verdad: no la había olvidado nunca, pero su despedida había sido tan brutal que me cambió el modo de ser. Ella fue más compasiva que yo:

- No olvido nunca que para mí eres como un hijo.

Hablaron entonces de la residencia de Martina en  Panamá, de sus hijas, del marido que se acercó más a ella y no se fue de la casa, de los escritos de Gabo que leía siempre, de los recuerdos y más recuerdos. Después la despedida:

- Bueno niño, me voy feliz de haberte visto-, dijo. Y concluyó-: Ya no aguantaba más haberte leído tanto sin saber como eres.

- ¿Y como soy? – me atreví a preguntar.

- ¡Ah, no! – rió ella con toda el alma -, eso no lo sabrás nunca.

Sólo cuando recobré el aliento frente a la máquina de escribir caí en la cuenta de las ansias de verla que había tenido siempre y del terror que me impidió quedarme con ella por todo el resto de nuestras vidas. El mismo terror desolado que muchas veces volví a sentir desde aquel día cuando sonaba el teléfono.

El nuevo año de 1955 empezó para los periodistas el 28 de febrero con la noticia de que ocho marineros del destructor Caldas de la Armada Nacional habían caído al mar y desaparecido durante una tormenta cuando faltaban dos horas escasas para llegar a Cartagena.

El inicio del anterior párrafo es importante por la fecha. Si el nuevo año era 1955 Gabo habló, por última vez, con Martina Fonseca en 1954 y por tanto no podía haber muerto en la casa siniestra de Ciénaga donde él la recordaba, al lado de su mamá, en los carnavales de febrero de 1950.

Ese trastoque es tan íntimo en la vida de Gabo que solo él y nadie más que él deberá resolvernos el tema de Martina Fonseca y por qué la ubicó en el lugar equivocado.

Debe hacerlo además por la sencilla razón que esa historia de amor imposible debe tener un final que nos repose las ganas de llegar hasta la revelación del misterio y porque ni el mismo realismo mágico podrá explicar cómo Martina Fonseca, muerta en una casa siniestra antes de 1950 en Ciénaga, pudo hablar con Gabo en el Hotel Continental de Bogotá cualquier día glacial de 1954.

Al final afirmo, de manera temeraria y de pronto inequívoca, que el nombre real de Martina no era Martina Fonseca. Primero porque es un nombre sonoro con sabor a novela garciamarquiana, a puta de Portugal y segundo por que un buen amante debe ser fiel y sigiloso guardián del nombre de las mujeres ajenas que alguna vez pasaron por su vida. Es lo menos que puede hacer un hombre de bien en honor a sus recuerdos. Por tanto esperamos que nos cuente el milagro así el nombre real de la santa no lo sepamos nunca.

Barranquilla, Octubre a Febrero, 2002/2003
hugoillera@hotmail.com

 
 

Partido mono cuco


Sí, fue un partidazo. Junior le ganó al Pasto 1x0 con todos los méritos en un partido sabroso, ofensivo y con volumen de ataque por parte del Junior y defensivo, sudado y peleado por parte del Deportivo Pasto. El partido pudo haberse definido con un 2x0, 3x0, 4x0 e incluso 5x0 a favor del Junior. También pudo ser 1x0 a favor del Pasto en el único remate de Bosco Frontán o 0x0 en división de honores. La laboriosidad del Junior, su afán de administrar el balón y buscar el arco del arquero Lucero Álvarez pusieron el espectáculo en el Metro. El trabajo grupal del Pasto y el espectacular trabajo de Lucero pusieron la otra parte para el buen fútbol que vimos anoche. Todo lo anterior, más el drama de las llegadas del Junior, de las voladas y atrapadas de Lucero y el final inesperado del juego suman para calificarlo de gran partido. Inesperado e inocente el final porque en el minuto 88 Omar Mancilla cobró un tiro libre corto, en el centro del campo, con destino a John Jairo Montaño. Mancilla, increíblemente, le entregó el balón a Martín Arzuaga y el Toro puso a correr, hacia adelante, a Vladimir Hernández que enfrentó a Lucero Álvarez. El arquero pastuso metió su pie derecho y el balón subió. Vladimir se avivó, siguió corriendo hacia el arco, paró el balón con el pie derecho en un gesto técnico encomiable, la acomodó con la rodilla y, sin parar su carrera, la metió con pierna derecha. Fue un gol maravilloso que hizo explotar la tribuna. El DT del Pasto Jorge Luís Bernal reclamó con vehemencia la acción alegando que el balón no estaba en movimiento. El video de Win Sports mostró lo contrario. En medio del festejo el que debió respirar tranquilo debió ser el Pecoso Correa que, a los 27 minutos del primer tiempo, había pateado un penal, cometido a Martín Arzuaga, que tapó Álvarez. Fue una sorpresa que el zaguero cobrara el tiro de castigo. Después de esa jugada el partido se puso emocionante, con múltiples llegadas del Junior y trabajo denodado del Pasto.

Anoche casi todos los jugadores del equipo rojiblanco pudieron anotar y no lo hicieron. Fue una oda a las llegadas desperdiciadas. Hubiera dolido no haber metido una. Finalmente Vladimir lo hizo.

Las figuras fueron Vladimir Hernández y Lucero Álvarez. Vladimir por su fútbol denodado, por su liderazgo y gestión generadora de fútbol. Lucero por tapar todo lo que el Junior pateó a su arco.

Junior ha sumado 30 puntos. 15 que había ganó Miguel Ángel López en 11 partidos y 15 más que han reunido Comesaña, Pinillos, Pachequito y Gaitán en 6 partidos a través de 5 partidos ganados y 1 perdido.

Junior ya clasificó a octavos de final que jugará a muerte súbita con partidos de ida y vuelta con un solo oponente que saldrá sorteado de los lugares 5º, 6º, 7º y 8º.


Arzuaga, un Toro de casta

(…generando, luchando, intentando y buscando el arco contrario Junior de Comesaña derribó la muralla que montó Eduardo Pimentel en el Metro)


Fue un Déjà vu real. Esos recuerdos que uno cree que vivió por lo general no son ciertos. El de anoche con Martín Arzuaga sí lo fue. Cuando en tiempo de reposición Luís Mena bajó en el área al Toro de Becerril, y el árbitro Andrés Rojas pitó el penal, volvimos a ver la misma decisión de Arzuaga para tomar el balón, patear el penal y darle el triunfo al Junior de Barranquilla 2x1 sobre el Chicó FC que aquella tarde noche de diciembre del 2004 en Medellín para vencer a Nacional y ganar la 5ª estrella. Este triunfo fue tan sudado y luchado como aquel. El DT Eduardo Pimentel trajo al Metro un 1-10 en defensa que hizo correr y sudar al equipo rojiblanco y herniar a los aficionados que no dejaron de alentar al Junior luchador ante el Chicó con su planteamiento defensivo a ultranza.

Es posible que para Pimentel su idea fue la mejor. Defenderse es perfectamente legal en el fútbol. Es más, forma parte del mismo juego. Atacar y defender. Chicó lo hizo muy bien defendiendo. Hizo correr y sudar al Junior. También hizo que el cuerpo técnico supiera mover sus fichas. La entrada de Arzuaga fue lo que ellos esperaron: voltear el marcador en contra 1x0 con el gol de Juan David Pérez en fuera de lugar. Arzuaga llegó del banco con esa aureola que muchas veces le vimos. Con ganas, con decisión, con mística. Y con todo ello incluido hizo el primer gol ante pase de Johnny Vásquez y después convirtió el penal en el instante final.

Arzuaga ha llegado a cuatro goles sin ser riguroso titular. Anoche entró y dio todo. Eso aguardamos siempre de jugadores que son de primer nivel. Por ello, esperamos que Michael Ortega, que anoche entró al comenzar el segundo tiempo y poco aportó, tome el ejemplo de Arzuaga y le dé al Junior lo que el Junior espera de él. Ortega tiene que cambiar su actitud en el campo. Siempre está tensionado, con cara de angustia. Pareciera que no se divierte, que no goza. Se le ve agobiado y a ratos cansados como un momento en que la cámara de Win Sports lo tomó en primer plano y estaba resoplando cuando hacía pocos minutos estaba en el terreno de juego. Michael sabe el compromiso con el equipo, la afición y la familia Char. Sabe que el súper contrato que le firmaron y la compra de sus derechos deportivos por un alto valor lo hicieron porque creen en él, en sus condiciones. Luego no esperamos nada nuevo, ni nada raro. Queremos ver al Ortega del Mundial Sub 20, al Ortega que sabe jugar y generar fútbol y al Ortega que debe convertirse en el líder del equipo. Ni la ausencia en Bogotá, ni haber estado en el banco anoche, lo han hecho despertar. Lo seguimos esperando.

El regreso de Julio Comesaña, como manager del equipo, y sus colaboradores David Pinillos, Víctor Danilo Pacheco y César Gaitán, produjo el revulsivo que todos esperábamos. Junior ha sumado 12 puntos de 12. Ha ganado 4 partidos en línea y con ello ya clasificó en el Grupo de los 8.

Junior ha mejorado en generación de fútbol, en cohesión grupal y se convirtió en un equipo ganador.

Gracias a los 7.939 aficionados que asistieron al Metro. Gracias por apoyar, por aplaudir, por corear su apoyo. Gracias por no perder la esperanza. Gracias por empujar al equipo. Y gracias por ayudar a Junior Tu Papá a voltear un marcador ante un laborioso y defensivo Chicó. Gracias, la afición también juega cuando lo hace a favor. Como anoche…


Diálogo con Julio Comesaña


Anoche hablé con Julio Comesaña. Iba camino a Tunja a hacer diligencias personales. Lo noté muy contento. Tal vez, de los tres partidos jugados desde su regreso, este fue el que mejor jugó el Junior de Barranquilla. Comesaña estuvo de acuerdo. “Hoy sí me gustó el equipo”, dijo. Habló con entusiasmo de Vladimir Hernández y de Edinson Toloza. De Matías Bolatti y el trabajo táctico que le encomendó. De la aplicación de la doble línea de 4 que montó para acortar distancias entre jugadores y evitar el cansancio propio de la altura de Bogotá. Junior corrió como nunca gracias a ese bloque corto. Y ganó con sobrados méritos. También hizo una autocrítica pues al sacar a Bolatti por Jossymar Gómez el equipo retrocedió demasiado en el segundo tiempo y tuvo que dar la orden a Jossymar para que hiciera el trabajo que hizo, con fortuna, Bolatti limitando a John Valencia, encargado de sacar a Equidad desde el fondo. Valencia que se dio banquete de patadas sobre Vladimir Hernández. Hasta cuando lo sacaron, no supo qué hacer con el pequeño y habilidoso Vladimir ni impidió, nunca, que se pudiera conectar con Toloza.

Nueve puntos de nueve. Tres partidos jugados y tres ganados. El Junior, de la mano de Comesaña, pasó del 7º al 3º lugar y de 15 puntos a 24. Sin embargo, Julio sabe que hay muchas cosas por hacer, por construir.

Justamente, el Junior jugó sin Michael Ortega ante Equidad. La verdad es que no fue sorpresa. El 10 no está jugando bien. No ha rendido, no ha pesado lo que se espera de él. Ortega es consciente que no está en su plenitud física. En los dos partidos consecutivos anteriores sintió el desgaste propio de la falta de un buen estado físico. Por tal motivo, Comesaña habló con el jugador y lo dejó en Barranquilla haciendo un trabajo de recuperación para jugar, vs. Chicó, este miércoles. El jugador lo entendió bien, sabe que es por su beneficio.

En solo tres fechas se han visto cosas que han llevado la marca de Comesaña. La dupla de César Fawcett, como lateral izquierdo, con Carachito Domínguez como volante izquierdo. El jugar 4-3 y 4-4 como ayer domingo. Darle confianza a Yhonny Ramírez, Matías Bolatti y a Vladimir Hernández. La reencauchada a Edinson Toloza a quien puso a jugar y lo dejó a ultranza (a pesar de los goles marrados) hasta cuando le dio resultado. Y el caso de Ortega ya comentado.

Y ahí va el Junior de la mano de Comesaña y sus asesores Pinillos,  Pacheco y Gaitán. El barco había que enderezarlo urgente sumando puntos. Y eso se ha hecho pero, en medio de un partido y otro, hemos visto mejoría en muchas cosas. Como las ya explicadas…


Ganar es mejor que perder
(…parodiando a Kid Pambelé cuando dijo, alguna vez, que es mejor ser rico que pobre)


Seis puntos sumados de seis disputados. Dos partidos ganados de manera consecutiva por el Junior de la mano de Julio Comesaña. El equipo barranquillero salió de un bache de tres derrotas consecutivas. Coincidencialmente, ante Envigado y Uniautónoma, el Junior solucionó un empate y una derrota en los segundos tiempos. Cuando estas cosas pasan, los triunfos llevan la impronta del técnico. Los cambios de Comesaña en los dos últimos partidos le dieron seis puntos para sumar 21, subir al quinto puesto y quedar a las puertas de su clasificación. Todavía no se juega bien pero se ha mejorado. Aún falta que algunos jugadores como Ortega, Toloza, Quiñónes y otros aporten más, mucho más. Hay que cambiar la lucha por jugar al fútbol bien pensado, elaborado, desarrollado buscando el volumen de ataque y la finalización con remate afortunado al arco que todo buen equipo busca. A pesar de las dos victorias aún se ve a un equipo enredado, con producción atropellada basada en la individualidad. Por eso, es mérito de Comesaña cambiarle la cara al Junior en los segundos tiempos. Cambiada de cara que le ha traído los seis puntos que lo atornillan al Grupo de los 8.

Anoche se vieron cosas interesantes. Jugar con 10 hombres los últimos 25 minutos más los 5 de adición y ganar es meritorio. Así jugó Junior después de la expulsión de Yohnny Ramírez. El tándem Fawcett-Domínguez organizando y desarrollando el fútbol ofensivo del equipo por el sector izquierdo. Por Domínguez y Fawcett pasó el balón permanentemente. Más que por el mismo Ortega. La paciencia de Comesaña con Toloza que, por fin, anotó un gol. Si no lo hubiera anotado hubiera echado por la borda una jugadota previa de Quinónes. Las modificaciones para el segundo tiempo. Las entradas de Narváez y Vladimir (gran figura y gol para ganar) al comenzar el segundo tiempo y la de Vanegas, a los 31, para equilibrar al equipo que jugaba con 10 hombres. El ingreso de Vanegas fue para equilibrar, no para cerrar el partido. Tan cierto es que la mejor jugada colectiva del equipo se produjo a los 40 minutos entre Vladimir y Carachito que terminó con el gol para ganar.

Ahí va el Junior. Hay jugadores que no tienen nivel aún. El técnico se la rebusca haciendo modificaciones que le han dado resultado. El partido con Envigado fue difícil pero se ganó. Contra Uniautónoma también solo que el grado de dificultad fue mayor por el penal pitado por Ramiro Suárez, que no fue, por una falta que no existió de Pecoso Correa sobre Michael Barrios. Finalmente el Junior volteó el marcador dominando la angustia, a cambio de pensar más y el juego colectivo que pasó más por Carachito que por Ortega, y la presencia creadora de Vladimir Hernández. Y los movimientos de Comesaña que arrancó con 1-4-3-1-2 y lo fue moviendo a medida que el partido se desarrollaba y cuando se quedó con 10 hombres.

Es mejor corregir ganando que perdiendo. Eso está haciendo Comesaña junto a Pinillos y Pachequito. Junior suma, falta jugar mejor, sin duda. Kid Pambelé dijo, alguna vez, que era mejor ser rico que pobre. Por tanto, ganar es mejor que perder.

Eso sí, hay que mejorar la estética del equipo. Pues hay  que jugar mejor si queremos pelear título. Comesaña lo sabe. Esperemos que los jugadores también…


Todo por hacer…
(…si los jugadores del Junior no levantan su nivel individual, en beneficio de lo colectivo, difícilmente se podrá a aspirar a jugar una final y ganarla)


Poco cambió. Ante Envigado, Junior siguió siendo ese equipo desordenado, tocando de oído o bailando al son que le toquen. Diferente a lo que debe ser un equipo grande. Grande en nómina y en rendimiento, por supuesto. Ido el Zurdo López la responsabilidad hoy es de los jugadores puesto que Julio Comesaña acaba de llegar. Ese Junior desordenado, esmirriado, sin ideas, muerto en intenciones y ganas lo vimos en el primer tiempo. El del segundo, aún con su desorden y sin ideas claras, fue producto, me dio la impresión, de una pateada de balde del técnico. Eso, más el gol en el primer minuto de la segunda parte le dieron la posibilidad al Junior de mostrar un juego alegre. Y hasta ahí.

Se vieron ideas nuevas producto de la ausencia de algunos jugadores como Luís Narváez y Guillermo Celis. La dupla César Fawcett-Carachito Domínguez, sobre el sector izquierdo, fue lo más productivo y vistoso. El balón siempre estuvo en ellos con la intención ofensiva de gestar el volumen de ataque del equipo. Ello porque Michael Ortega aún no asume su responsabilidad de generar y crear el fútbol del Junior y porque Edison Toloza corre y corre y corre como caballo desbocado sin pensar, sin tranquilizarse, sin apuntar bien al arco.

Que se ganó es cierto. Cierto y lo único verdadero. Se necesitaba un triunfo medicinal por medio a cero o uno a cero. Y se ganó pero, de aquí en más para poder clasificar y pelear la posibilidad de ganar otra estrella dependerá del nivel y las ganas de los jugadores. Es que no se puede aspirar a cosas grandes con tan poco.

Visto el primer partido, con Comesaña al mando, me quedó la sensación que la mejora futbolística o no dependerá de los jugadores. De los que ganan mucho y rinden poco. La ecuación deberá ser ganó mucho, rindo mucho. Ya sobre sus espaldas quedó la salida del Zurdo y Comesaña acaba de llegar. Luego, la carreta del técnico, de momento, no se utilizará para justificar la pírrica retribución de tan buenos contratos con tan poco fútbol.

En el partido ante Envigado hubo solo dos cosas para destacar: le dupla Fawcett-Carachito (utilizados ambos sorpresivamente por el DT Comesaña. Tan sorpresiva fue la reaparición de Fawcett como la ubicación de Carachito como volante izquierdo) y el golazo de Jossymar Gómez ante pase de Luís Quiñónes. De resto la misma comparsa sonsa y sin sabor.

Con 18 puntos y un partido menos, con el número mágico de 26 puntos para clasificar, la esperanza para permanecer en el Grupo de los 8 está intacta solo que, con poco fútbol, no se podrá a aspirar a jugar una final y ganarla.

Al final creo que Comesaña vio mucho menos de lo que aspiraba a ver quedando convencido, de paso, que todo está por hacer…


La historia del regreso de Julio Comesaña


Antes de los carnavales, recibí una llamada de Julio Comesaña. Me comentó que hacía cinco años que no venía a Barranquilla y sentía la necesidad de hacerlo en la gran fiesta nuestra. Agregó que se bajaría en Playa Mendoza para que su presencia no alborotara el avispero alrededor del Junior. Esa visita tuvo dos impactos positivos en Comesaña. Haberse reunido con Fuad Char, después de mucho tiempo de alejamiento entre ambos, y el haber compartido con la gente, en las calles y en los desfiles del carnaval, le hicieron tomar una decisión definitiva en su vida. Después de carnavales, hablamos por teléfono y Comesaña me comentó que iba a Montevideo y regresaría el primero de abril. No fue un simple viaje. Julio viajó a decirle que a su esposa Amanda que había tomado la decisión de radicarse, para siempre, en Barranquilla. No más viajes, no más vueltas. Sin embargo, mientras alistaba sus cosas para volver, recibió la llamada donde los señores Char le ofrecían la dirección técnica del Junior. O sea que, en solo unos días, las decisiones y las coincidencias hicieron que Comesaña esté, otra vez, al frente del equipo rojiblanco.

Comesaña vuelve después de haber salvado la categoría con Junior en el 2008, cuando reemplazó a Sachi Escobar, y haber jugado la final del 2009. Desde entonces, pasaron por Junior Diego Edison Umaña (Campeón 2010), Oscar Héctor Quintabani, Jorge Luís Pinto, Cheché Hernández (Campeón 2011), Alexis García y Miguel Ángel López.

Hago la cuenta de los técnicos porque se volvió una muletilla decir que en Junior los “únicos” técnicos son Miguel Ángel López y Julio Comesaña. Si bien es cierto que, son los que más han trabajado en el club, entre una y otra venida han llegado muchos técnicos. Unos campeones y otros a los que no les fue bien.

Miren que, para seguir con el planteamiento, que el Zurdo López había trabajado en Junior en el 2006-2007 y, antes de volver el año pasado, estuvieron en el equipo Luís Grau, Santiago Escobar, Julio Comesaña, Diego Umaña, Oscar Héctor Quintabani, Jorge Luís Pinto, Cheché Hernández y Alexis García.

Lo que si es cierto es que Comesaña tiene en su haber el equipo de 1991 que llevó más de un millón de aficionados en el año al Metro, el título de 1993 y la salvada del descenso en el 2008. Y aquella final fallida ante el Caldas con el equipo de ensueño que teníamos en ese entonces.

Y algo por lo cual lo convocan casi siempre. Porque viene a enderezar las cosas. Como esta vez. Con seguridad lo hará…  


¿Renuncia o despido?


Cuando salí del master de Caracol en Bogotá pensaba sobre algo que nunca se dio en la historia del Junior de Barranquilla: que el Zurdo López renunciara y dejara ese hito en la memoria de los aficionados. A López le tengo cariño y respeto. Cariño por su estrella del 2004 y respeto por lo que ha sido en el fútbol. Al Zurdo lo conocí en 1978, cuando comenzaba mi carrera como periodista deportivo, y no ha hecho nada diferente que ser un hombre de fútbol. Esta dolorosa derrota 1x0 con Millonarios como local, luego de perder 1x0 también con el colero Alianza Petrolera, debiera servir, pensé, de una buena excusa para que el Zurdo dejara el cargo y siguiera en las divisiones menores que fue para lo que se le contrato a su regreso a la ciudad. Que no esperara que la dirigencia lo despida. Mientras descendía en el ascensor pensé, de igual manera, que eso de renuncia en el Zurdo no existe. Sin embargo, me llevé tamaña sorpresa al escuchar a Ricardo Ordóñez, en su transmisión de Emisora Atlántico con Ramiro Jiménez y John Romero retransmitida por Radio Curramba, pensar exactamente igual a mí. Ordóñez, tan defensor y amigo del Zurdo, recomendándole renunciar a la dirección técnica del Junior de Barranquilla. Es más, dijo Ricardo, si no lo hace, la dirigencia debiera buscar otro técnico que oxigene al equipo. Me causó mucha gracia, eso sí, que Ramiro recomendara que el Zurdo se quedara cuando Ricardo pedía que se fuera. Es que siempre había sido a la inversa. Volví a pensar, entonces, que si el gran soporte periodístico del Zurdo le recomendaba esa acción, yo no estaba tan desenfocado. Junior, que comenzó bien el torneo, se ha ido degradando en su producción. Se ha estacionado en 15 puntos. Los mismos 15 puntos que lo han mantenido en el Grupo de los 8. Pero una cosa es haber ganado 15 puntos de 18 posibles o de 21 que de 27 como ahora. El presente es de dos derrotas consecutivas y no ser ya ni 2º, ni 3º, ni 4º sino 7º. El fútbol que muestra el equipo es terrible. Cero ideas, mucho corazón y huevo, mucho correr y meter sin un norte claro y, para remate, sin gol en las últimas fechas. En los últimos tres partidos solo anotó un gol (de penal vs. Cali) y en los dos últimos se ha ido en blanco. Eso en cuanto a la parte deportiva. En cuando al tema taquillas el panorama es peor. La hinchada no cree ni en el Zurdo ni en el equipo. La muestra clara es el estadio vacío de siempre. El promedio de 8 mil aficionados por juego golpea el presupuesto del club pues las recaudaciones son pobres. Hablar en rueda de prensa, otra vez como anoche, de lo que pudo haber sido y no fue, de lo que podemos hacer y de la fe por lograrlo es la señal clara que de fútbol, pocón-pocón. Pedir la renuncia a un técnico que nos dio una dramática estrella, en aquella final con Nacional en Medellín, es bien difícil. Pero, de verdad, el Zurdo debiera pensar en el bienestar del club y en la tranquilidad de la hinchada y hacerlo. Eso le sumará puntos para la historia. Es mucho mejor que  seguir soportando una caída libre como la del Junior actual. Dios y el Junior se lo agradecerán. Ahora, si no lo hace y si los señores Char lo mantienen debiera ensayar cosas diferentes a lo que hace actualmente o trabajar más en lo presente para mejorarlo. Sobre todo esto último, trabajar. Pues hay quejas que el problema del equipo es la falta de trabajo. En las próximas horas sabremos si pasa una cosa u otra. O no pasa nada, como casi siempre…


Colombia, dudas y certezas…


La verdad, quedé muy preocupado. El partido de la Selección Colombia vs. Túnez (1x1) en Barcelona me dejó más dudas que certezas. Me había quedado con el partido vs. Paraguay y con el segundo tiempo vs. Chile en el Clasificatorio Suramericano y con los dos partidos de preparación ante Bélgica y Holanda en la mini gira europea. Con ese fútbol y con esa disposición, nada que temer ni, qué dudar. El juego ante los tunecinos fue terrible. No solo nos confirmó que la ausencia de Falcao García es sensible sino que hoy, a 98 días del Mundial Brasil 2014, no solo es eso lo que nos debe preocupar. La seguridad de David Ospina no se vio en el gol de los africanos. La inseguridad de Pablo Armero y la ineficiencia, producto de no jugar en su equipo, se reconfirmó. La ausencia de un reemplazante para él, se evidenció. Haber utilizado a Álvarez Balanta, en esa posición, así lo confirmó. A Mario Alberto Yepes sería bueno enviarle un trainner para que lo mejore físicamente para que pueda salir indemne de los mano a mano en que lo dejan Edwin Valencia, que no tiene fútbol, y Aldo Leao Ramírez al que le pesa ser titular. Le va mejor en los segundos tiempos realizando misiones concretas. James Rodríguez y Juan Guillermo Cuadrado han regresado a su época de individualistas cuando lo brillante e importante de ellos se ve al generar fútbol colectivo. Ante Túnez querían hacerlo todo. Recibir, correr, driblar, levantar el centro e ir a cabecearlo. Se olvidaron de Carlos Bacca, de Teófilo Gutiérrez y de Adrián Ramos. Es decir, de los goleadores.

Creo que, como nunca en su proceso en Colombia, el DT José Pekerman debió haber terminado contra el suelo. Contó Diego Rueda en Win Sports y Caracol Radio que hubo una larguísima reunión (más de tres horas) en el Hotel Princesa Sofía después del juego. Las mismas caras de los jugadores en los diálogos con la prensa mostraron esa desazón. No se jugó bien. Tal vez habían jugado el peor partido en la era Pekerman.

Lo peor de todo es que cada día que pasa es menos el  tiempo para recomponer las cosas. Recomponerlas sobre el tablero o hasta cuando se reúnan (dicen que en Holanda) antes del mundial porque el partido ante los tunecinos fue el último auspiciado por FIFA en sus ya famosas fechas.

Quedamos preocupados porque no vimos a la Colombia combativa, con posesión de balón, con generación de fútbol a través del juego colectivo, con volumen de ataque y gol. En un poco más de 120 días de haber terminado el clasificatorio vs. Paraguay (15 de octubre) y de los partidos vs. Bélgica (14 de noviembre) y Holanda (19 de noviembre) la Colombia aquella que nos llenó de fútbol y recibió los mejores elogios del periodismo mundial se desdibujó de manera dramática.

Que no cunda el pánico, pidió Gabriel Meluk en su columna de El Tiempo. Es posible que no lleguemos al pánico. Pero lo que sí es real es que todos quedamos altamente preocupados. Los jugadores con sus declaraciones. Pekerman con su larga reunión post partido. La dirigencia con sus caras largas. Y el periodismo y los aficionados que observamos lo que los cuatro últimos meses se llevó: la Colombia que brilló, con luz propia, en el Clasificatorio Suramericano.


¿Y los jugadores del Junior, qué?


Voy en el carro saliendo de Win Sports con el narrador JJ Trujillo. Acabamos de narrar el partido Junior 0 x Alianza Petrolera 1. Vamos desconcertados. Fue de esos partidos en que el narrador y el comentarista tratan de destacar cosas buenas sin lograrlo. Me pregunta Trujillo que cómo puede el Junior jugar un partido de nivel como el que hizo el domingo ante el Cali y jugarse (bueno, jugar por decir algo) un partido tan feo, tan maluquito y lucir tan abandonado, tan abúlico, tan esmirriado, sin ganas, sin corazón, cuatro días después. Le comento que ese partido (ante Cali) fue una excepción. No sé si producto del apoyo de Carachito Domínguez y a su hermano en el enfrentamiento con Leonel Álvarez o si se “acordaron” de jugar bien. Siete de los ocho partido jugados por Junior, en la presente Liga Postobón, han sido un desastre futbolístico. Lo que ha velado el tema es que ha ganado 15 puntos en medio del remedo de equipo que, casi siempre, parece. Claro que, esta vez, no vamos a echarle la culpa al Zurdo López. A otro perro con ese balón. Si bien es cierto que el Junior luce sin una idea fija para desarrollar nos preguntamos ¿y los jugadores qué?. ¿Dónde está la retribución a los millones que se ganan en Junior?. Vergüenza les debería dar jugar la clase de partido que jugaron ante Alianza y mostrarse en la televisión con esa manera tan triste de representar a los colores rojiblancos, a Barranquilla y a la Costa Caribe. Perder con el colero del campeonato, perder el invicto y la posibilidad de ser líder solitario, jugando a nada, es una afrenta a quien les paga el salario y a quien paga por verlos. No es justo que jugadores que ganan entre 30 y 105 millones de pesos puedan dar un espectáculo de circo pobre. De esos a los que se les crece el enano y a la mujer barbuda se le cae el pelo. Terrible, vergonzoso, abominable. La pobreza futbolística, las ganas inexistentes, el desamor por la camiseta, el irrespeto a la hinchada no puede ser borrada por excusas tontas de “son cosas del fútbol”. Ya paremos con el tema del Zurdo López. Finalmente él es el responsable del éxito o del fracaso del equipo. Pero no es menos cierto que el Zurdo no juega. Los que juegan son los jugadores. Un partido bueno contra 7 malos. Viera no puede sacar todo. Viera es terrenal, no es Superman. Y el Zurdo López no tiene supositorios de ají para hacerlos correr. Toquen su amor propio y jueguen como los profesionales que son. Y bien costosos, por cierto…


Caracho, Carachito y Leonel


El buen fútbol del Junior se vio opacado por el festejo del Carachito Domínguez del gol de tiro penal que le dio el triunfo al equipo barranquillero. Que Junior hubiera ganado no era noticia. La noticia es que jugó bien. Se jaló tal partidazo que hubiera podido golear al Deportivo Cali. Solo que en el arco del equipo azucarero estaba Faryd Mondragón. Tan eficiente y vital como cuando llegó a tapar en el extinto Sporting en los años 80.

El hacer el festejo de su hermano Álvaro, como apuntando una escopeta y disparando, se hubiera visto como un homenaje filial y de apoyo sino lo hubiera hecho dedicado y frente al DT Leonel Álvarez. Ahí no se vio bien. Como tampoco se vio bien la mentada de madre y el gesto de quitarse a uno de sus compañeros con el brazo para correr hacia Leonel como se vio en primer plano en la transmisión de Win Sports. Afortunadamente, Leonel no reaccionó y en la rueda de prensa, la mejor que le hemos visto en su carrera como técnico, minimizó el asunto.

Acerca del tema Leonel Álvarez y Álvaro Domínguez ha habido tanto de largo como de ancho. Se ha hablado del tema deportivo pero, en Cali aseguran que hubo un tema doloroso entre ellos que nada tiene que ver con el fútbol. Ese bochinche lo conocen todos los periodistas de Cali, los dirigentes y los jugadores del equipo pero, ninguno, se ha atrevido a hacerlo público. Tal vez, el día que se conozca, muchos entenderán el gesto de Carachito hacia Leonel en apoyo a Caracho.

Hay quienes aseguran que el improductivo presente del Deportivo Cali se debe a faltas a la ética del técnico hacia un jugador. Dicen que es un tema tan delicado que el capitán Faryd Mondragón tuvo que reclamar a Leonel por ese tema del que nadie ha querido hablar.

Y no han querido hablar porque se pondrá en evidencia a una tercera persona. Y es, en el fondo, lo que se ha evitado.

No estoy señalando nada que los periodistas, dirigentes y jugadores del Cali no sepan. Solo que no nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato. Lo que sí puedo asegurar es que el incidente no tiene nada que ver con el fútbol.

Es posible que lo de Carachito no haya sido bien visto. Lo que sí es real es que el hermano menor logró que el tema del hermano mayor se tocara, ahora, a nivel nacional. Y es posible también que, ahora, se sepa la verdad verdadera de lo ocurrido entre Leonel y Caracho.

Ahora, el asunto de que si la Comisión Disciplinaria de la Dimayor pueda o no sancionar a Carachito Domínguez hay que tomarlo con pinzas. El árbitro Wilson Lamouroux no amonestó, ni expulsó al jugador durante el incidente. Supimos que, en su informe del partido, tampoco lo dejó consignado. Luego si la comisión avoca la investigación será “de oficio” pero, lo de Lamouroux los ataría de manos.

Dejemos pues lo del Carachito como una protesta que a algunos les gustó y a otros no. Si la historia que nadie ha contado se conoce algún día, entonces todos entenderemos el gesto.

Gesto que no aplaudimos, por supuesto…


No te lo puedo creer…


Lo de anoche en Medellín fue antológico. En el empate 2x2 entre Junior y Medellín hubo de todo como en botica. Aún estoy leyendo los mensajes recibidos en el primer tiempo y un poco después del segundo gol del Medellín. Son el fiel reflejo de lo que pasaba en ese momento. Medellín superaba al Junior en todo. En ganas, en tenencia y en el control del partido. Junior se mostraba desordenado y desorientado otra vez impulsado más por las ganas de cada quien que por un plan  establecido. Con el 2x0 en contra, los mensajes hablaban de sacar al Zurdo López, de Ortega perdido y   sin peso, de Jossymar que (como siempre) poco o nada pesa en los partidos, de cuántos balones recupera con acierto Luís Narváez. En fin. Cosas comunes en este Junior que suma en medio de “ese desorden organizado” que se le vuelven sus partidos.

El segundo tiempo fue una caja de sorpresas. Comenzó con 1x0 a favor del Medellín con gol de Mena. El Zurdo López mandó a Vladimir Hernández por Jossymar Gómez. Medellín marcó entonces el 2x0 a través del propio Mena en momentos en que ya el árbitro Juan Carlos Gamarra se convertía en el desastre de la noche. Previo a ese gol hubo un penal claro de Alcatraz García sobre Luís Quiñones que no pitó Gamarra e inmediatamente el contra ataque del Medellín terminó en gol.

Entonces, López envió a Matías Bolatti por Luís Narváez y el Junior reaccionó con ganas, corazón y huevos. Todos a una. Todos buscado el arco. Y vino el gol de Luís Carlos Ruiz y después del Carachito Domínguez. Con el empate 2x2 Junior siguió insistiendo y Gamarra volvió a equivocarse al anular un gol de cabeza a Luís Carlos Ruiz, por supuesto fuera de lugar que jamás existió, luego de remate de media distancia de Michael Ortega que pegó en la mano del arquero Castellanos y en el larguero y volvió. Entre Gamarra y su línea Rafael Rivas privaron al Junior de un gol legítimo.

En los cinco minutos finales, Medellín llegó con tres golpes de cabeza de German Ezequiel Cano. Uno atrapado por Sebastián Viera y dos desviados.

Todo lo anterior ratifica lo que estamos viendo en este Junior del Alma. No hay una idea clara de a qué jugar. El equipo barranquillero es más ganas, huevo y riñones que ponen algunos jugadores que el desarrollo de una idea preconcebida. Hay unos que ponen mucho, otros poco y algunos nada. Cada uno deberá hacer su balance personal y saber qué nivel aporta. Es posible que el poco aporte de algunos sea producto de no tener una bitácora a seguir. Puede ser pero, anoche tuve la sensación que, si bien es cierto que el Zurdo López es el responsable directo por los puntos ganados (muy bueno) y de la sensación de no tener un plan de vuelo (muy malo), no es menos cierto que hay jugadores que no justifican los jugosísimos contratos que ganan.

En Medellín hubo de todo la noche del jueves. Hubo un Medellín ganador y dominador en el primer tiempo. Hubo un Junior recuperado, trepidante y con ganas en el segundo tiempo. Al Zurdo López sus modificaciones le dieron el resultado esperado. A Pedro Sarmiento no. También hubo un árbitro como Juan Carlos Gamarra de Bolívar que le negó al Junior un penal y que, además,  dio continuidad al contra ataque del Medellín que terminó en gol. Y hubo un juez de línea llamado Rafael Rivas que anuló un gol legítimo a Luís Carlos Ruiz que hubiera volteado la historia del partido evitando un triunfo del Junior que hubiera sido de “no te lo puedo creer”.

Sufrimos y gozamos en el empate con Medellín. Después, al momento del análisis, encontramos más de lo mismo. Que Junior suma puntos en medio de un desorden colectivo bien organizado…


El Junior del Zurdo o el fútbol insípido
(…que con 11 puntos de 15 tenemos la nevera llena, es cierto. Pero, no es menos cierto que el Zurdo López no conoce la sal…)


Es posible que el Zurdo López esté feliz por los 11 puntos ganados de 15 posibles. Es posible que los jugadores estén felices por los premios en dinero obtenidos por haber ganado 3 partidos y empatado 2. O que estén pletóricos porque marchan invictos. Pero les aseguro que si vuelven a ver los partidos jugados ante Huila, Uniautónoma, Itagüí, Fortaleza y Patriotas deberán sentir pena por lo que representa Junior en la generación del fútbol. Es posible que los señores Char estén contentos con los resultados deportivos pero, si miran las tres taquillas recaudadas entenderán por qué la gente no va al estadio. Junior ha pasado de 18.930 aficionados ante Uniautónoma, a bajar a 6.480 ante Itagüí y “subir” a 6.481 ante Patriotas. De igual manera, el insípido Junior del Zurdo López pasó de recaudar $ 284.432.000,oo ante Uniautónoma, a $ 42.152.000,oo ante Itagüí y $ 24.092.000,oo ante Patriotas. Todo lo anterior es el reflejo real de lo que es Junior hoy día.

El fútbol es un juego y ese juego, para poder jugarlo bien, debe estar soportado por un dibujo táctico y un desarrollo estratégico. Quiere decir, el dibujo de lo que vamos a hacer y el desarrollo, el movimiento estratégico que realizaremos para traducir, sobre el campo, la táctica dibujada en el pizarrón. El desarrollo del juego se basa en un balón y en defender y atacar a través de la recuperación de ese balón, en la tenencia, administración, creación de espacios con toque y paredes rápidas y volumen de ataque con remate a puerta. Todo lo que se haga, sin incluir estos ítems, es la negación del fútbol que es el caso del Junior actual.

Ante Patriotas no se vio nada de lo anterior agregado a la velocidad cero con que Junior desarrolla su “juego”. Lento, abúlico, sin ideas colectivas. Cero sabor a fútbol.

Eso es el Junior del Zurdo López hoy. Antes, por lo menos decíamos que el Junior del Zurdo se “mazacoteaba”. Se volvía un mazacote. Hoy ni siquiera es aquel equipo informe pero con ganas.

El Junior de hoy tiene 11 jugadores que tocan de oído lo que se les va ocurriendo. No hay una idea concreta a desarrollar. Cada jugador, a voluntad, intenta “hacer algo” cuando reciben el balón. Es como esos grupos musicales que se forman en las noches de bohemia en el Parquecito de los músicos frente al Romelio Martínez. Esos que les dicen “vente tú” porque se arman de acuerdo a lo que paga el cliente. Ven tú guitarra, ven tú violín, ven tú trompeta, ven tú saxo, ven tú congas. Eso, vente tú. Y entonces, a tocar de oído.

Eso le pasa al Junior. Idea, no hay. Partitura, no hay. Todo depende de la genialidad y las ganas de los jugadores. Genialidad y ganas que, de momento, no existe en el equipo.

El cuadro del Zurdo López es un remedo de equipo. Sin ideas y sin ganas. Jugando al son que le toquen. Dependiendo del biorritmo de cada quien. Lamentable pues hasta ahora el equipo barranquillero solo ha jugado con equipos pequeños. No le pudo ganar a los recién ascendidos Uniautónoma (1x1) y Fortaleza (0x0), ha ganado por mínima diferencia a los coleros Huila (3x2) y Patriotas (1x0) y 2x0 al aguerrido Itagüí en partido que fue dominado por los antioqueños.

Que con 11 puntos de 15 tenemos la nevera llena, es cierto. Pero, no es menos cierto que el Zurdo López no conoce la sal…


Pacheco
(…ha muerto Pacheco y, con él, se ha ido parte de nuestra infancia)


Estremecedora la noticia. Tal vez la estábamos esperando como si no supiéramos que iba a pasar. Como mirando y silbando hacia otro lado para distraer a la muerte. Para que Pacheco la burlara una vez más como cuando se tiraba en paracaídas o montaba moto en el globo de acero de algún circo o cuando se lanzó al ruedo en la Plaza de Santamaría a torear a un proyecto de toro de casta. Fue un desastre su atrevimiento toreril pero, de ese gusto por la fiesta brava, salió un gran comentarista de las corridas de fin y principio de año. Nada le faltó por hacer a Fernando González Pacheco. Divirtió a chicos en Animalandia y a grandes en la televisión, la radio, el cine, el teatro. Y también en el boxeo, hasta boxeador fue. Y también marinero mucho antes de volverse el genio de la televisión colombiana. Pacheco nos divirtió a todos por igual.

Yo lo seguí de niño en la televisión y después tuve la fortuna de conocerlo cuando era Presidente de la Liga de Boxeo de Bogotá y Comisionado nacional e internacional como cuando estuvo al frente de la pelea de título mundial entre Chicanero Mendoza y el venezolano Eloy Rojas y de verlo cada vez que visitaba a Barranquilla. Aún guardo una foto con él y el actor César Mora, mi gran amigo, cuando vinieron a un espectáculo en el Teatro Amira de la Rosa. Estaba vital aún. Después, como ocurre con las gentes y las cosas, la vida lo fue dejando olvidado en el recodo del camino. Él también prefirió aislarse para no mostrar su enfermedad, su soledad y su tristeza.

Cuando murió Guillermo “La Chiva” Cortés, su primo, presentimos que Pacheco se iría también. Ese fue el último golpe a su vida en declive. Cortés fue, tal vez, la persona que lo amó sin esperar nada a cambio. Lo amo con ese amor insobornable, limpio, sin fronteras. Pacheco sabría, tal vez, lo mismo. Aunque es doloroso decirlo, y aunque muchos no lo dirán, Pacheco vivió sus últimos tiempos solo. Su esposa Liliana Grohis ya no estaba con él, nunca tuvo hijos y, por decisión propia, decidió el claustro antes que sus amigos íntimos y el gran público lo vieran como nunca quiso que lo vieran: solo, triste y abatido. Él, que siempre estuvo rodeado del público que lo amó.

Duele en el alma la noticia. Ha muerto Pacheco y, con él, se fue parte de nuestra infancia…


Si, Dios es juniorista


Junior le ganó a Itagüí porque Dios es juniorista. El equipo rojiblanco no puede jugar tan mal como jugó anoche. El club le entrega, siempre, todo lo que el DT Zurdo López pide. El Junior está montado sobre la base de ser un equipo grande. Y como grande debe jugar. Y ganar. Cierto es que el equipo barranquillero ha sumado 7 puntos de 9. Pero la calificación del fútbol desplegado no sumará más de 4. Le cuesta al Junior generar fútbol. Cuando tiene el balón hay demasiado transporte individual, una lentitud de otras épocas y pocas ideas. En el fútbol de hoy, las salidas ofensivas son veloces y precisas. La lentitud en la administración del balón, como la mostrada por Junior, ya no es una virtud sino un lastre porque le permite al rival regresar rápido, armar su figura defensiva y recuperar el balón.

Junior no tiene contención en el medio y ese problema genera otro como el dejar a los zagueros centrales mano a mano con delanteros ágiles y desequilibrantes como lo de Itagüí, por ejemplo. Después del minuto 25 del primer tiempo Itagüí le quitó protagonismo al Junior, le bajó los humos, le robó y administró el balón de manera rápida y vertical. Mereció goles el equipo del DT Alberto Gamero pero los palos dos veces y Viera los evitaron. El partido Junior 2 x Itagüí 0 son de esos que, por más que un técnico quiera explicar, difícilmente podrá convencer a la hinchada.

Junior jugó terriblemente mal. Sin una idea clara, con una lentitud desesperante y con un desorden individual y colectivo parecido a como cuando se juntan 11 amigos para jugar un picadito. Hay que trabajar más. Se nota que el problema del Junior es ese. Laborar sobre una idea clara a desarrollar definiendo cómo se jugará. Si 1-4-2-3-1, si 1-4-4-2 o 1-4-2-2-2. Definir si se jugará con dos delanteros en punta. Si uno se retrasa y otro pica en punta.

Con el regreso de Michael Ortega, después de pagar tres fechas de suspensión, el Junior deberá ganar en orden, en toque de primera intención y en la generación del fútbol cadencioso, rápido y efectivo como el que se practica hoy en el mundo. Que hay que ganar, claro que hay que ganar. Pero también generar fútbol, vistoso, pensado, diagramado. Que no sea a la topa tolondra. Que no sea porque Dios mete su mano. No, que el Zurdo meta su mano para diagramar una idea futbolística, que no deje dudas, que pasemos de la velocidad de la morrocoya a la velocidad del fútbol de hoy. Y que entendamos que Junior es un equipo grande, que sus partidos se transmiten por televisión y que no se puede dar un espectáculo tan maluquito, como el de la noche del jueves, en que un equipo joven, bien preparado y enjundioso nos dio un repaso de buen fútbol. Ganamos en suma de puntos. Perdimos en el fútbol…


El Derby de la Marimonda
(…como lo bautizó un hincha del Junior)


El primer clásico Junior-Uniautónoma (1x1 goles de Johnny Vásquez y Alan Navarro de penal) fue calcado a los jugados en la historia con Unión Magdalena, Sporting, Unicosta y Real Cartagena.  Correr, meter, empujar. Esas ganas suplen la generación del juego. Generación que se vio más en la U a través del orden táctico y la aplicación que en el Junior que apeló a la fortaleza física, al juego largo y corrido. La razón es que Willy Rodríguez (DT de la U) tuvo a Alan Navarro y el Zurdo López (DT del Junior) no tuvo a Michael Ortega ni a Edwin Cardona, que ya no está. Ahí comenzó la cojera del Junior. Vladimir Hernández hace ratos que no asume su rol de generador de juego. La noche del sábado también ocurrió. Ese rol, inexplicablemente, lo asumió el lateral derecho Johnny Vásquez, la figura del partido.  Vásquez fue el que más corrió, de atrás hacia adelante y después volviendo, fue el que más tuvo el balón en los 90 minutos, fue el que más pensó en la generación del juego y, además, hizo el gol.

Junior, esta vez, lució sin el peso que, necesariamente, debe tener un equipo que aspira a pelear cosas. Quiere decir recuperación del balón  de manera rápida y afortunada, tenencia del mismo con criterio, explotación de espacios, juego colectivo, profundidad y remate a gol. En medio de eso serenidad en el pensamiento y decisión en la acción. Eso no lo vimos frente a la U. Hubo ganas personales  esporádicas con Vásquez, Quiñónes, Arzuaga y Celis pero, a veces, esas acciones dan la impresión de ser más gestiones individuales que colectivas. Son más ganas de cada quien que juego colectivo. Esa sensación me quedó después del empate con la U.

La U volvió a ser ese equipo cohesionado, que intenta siempre generar fútbol a través de los volantes Navarro, Barrios y Machacón. La U viene con el trabajo previo en segunda división donde la fortaleza física es vital y donde se pelean los partidos centímetro a centímetro. Es un equipo que tiene claro los conceptos de Willy Rodríguez. Conceptos irrenunciables: buen trato de la pelota, creación de fútbol y volumen de ataque. Tal vez su lunar fue, porque no lo intentó tal vez, haber desaprovechado los 26 minutos en que Junior estuvo con 10 hombres (por la expulsión de Samuel Vanegas).

Total, la noche del sábado vimos un clásico duro, disputado, peleado que me ha dejado un sabor simple de un Junior que deberá cambiar con la vuelta de Ortega pero que necesita mostrar mayor peso específico definiendo qué hacer y cómo hacer el fútbol que se adapte a su nómina. Junior es un equipo grande y grande debe ser su peso. Nada de partidos corriendo, sin una idea básica firme, a la topa tolondra.

La U me dejó la misma sensación de ese equipo con criterio, que plasma la idea de intentar jugar el fútbol agradable y ofensivo. Me da la impresión que, a no ser que sus delanteros despierten, va a tener la angustia de no poseer un goleador de raza que aproveche la cadencia ofensiva de su estilo.

Al primer Derby de la Marimonda (como lo bautizó un hincha del Junior) asistieron cerca de 20 mil personas. Pocas camisetas de la U y solo esos pocos cantaron el gol de penal de Navarro. Si los estudiantes y ciudadanos que protestaron porque el equipo universitario no jugaría en Barranquilla no lo apoyan con su presencia física en el estadio, habrá sido una lucha estéril. En el debut de la U frente al Tolima se vendieron poco menos de 500 boletas y se repartieron 1.200 cortesías. La U necesita apoyo efectivo.

Para el Junior es una taquilla aceptable. 18.930 aficionados y $ 284.000.000,oo no es la gran recaudación pero está por encima del promedio.

Esto apenas comienza pero, mientras la U se mostró como un equipo alegre por su juventud, el Junior dejó la sensación de poco sabor en su fútbol y sin el peso que necesita tener un equipo grande.


El caso Luís Carlos Ruiz
(…lo deportivo primó sobre lo económico)


Hay algo que yo llamó la dinámica de las cosas que se refleja en el vértigo de las noticias. Cuando después de muchos años de ejercicio del periodismo tenemos acceso a las fuentes informativas de primera mano, sin pasar por terceras personas, miramos en directo el desarrollo de los acontecimientos. Entonces, asistimos a esa batahola de las “noticias confirmadas” que, en solo un minuto, se convierten en “noticias caídas”. El ejemplo de Luís Carlos Ruiz cae como anillo al dedo. El lunes, la negociación entre Junior (Fuad Char) y Gallos Blancos (Amado Yañez) por Ruiz quedó concluída. La llegada del agente Alex Ríos, que maneja los intereses del goleador, así lo ratificaba. Sin embargo, el martes el DT Zurdo López se reunió con Fuad Char y sopesaron el negocio. Junior, por más que ha buscado un delantero (su jugador No. 25) no lo ha encontrado. Las inscripciones se cerrarán el viernes 7 de febrero. Poco tiempo. La conclusión de la reunión fue que vender un goleador como Ruiz y no tener su reemplazo era perjudicial para el Junior que se quedaría solo con Martín Arzuaga como delantero en punta. Y más ahora que se jugará domingo-miércoles-domingo. Fuad Char prefirió quedarse con el jugador por el tema deportivo por encima del económico. No obstante, y por justa razón, el contrato de Ruiz fue reajustado. Aún le quedan dos años de vínculo con el club. Lo que no supe es si le incrementaron el número de años. Tuvimos oportunidad de hablar con Alex Ríos. Pensé encontrarlo enojado con la caída del negocio. Sin embargo, Ríos nos dijo que entendía a Fuad Char. Que, por más que deseara llevar a Ruiz al exterior, era consciente que Junior no podía quedarse sin un delantero goleador. Nos comentó, además, que hasta él ha estado buscando un delantero goleador sin poder encontrar. Junior prefirió el tema deportivo por encima del económico corriendo riesgo a futuro. El Zurdo se fue feliz, Fuad Char quedó tranquilo y Ruiz fue recompensado  económicamente por la decisión. Luís Carlos ya está recuperado del accidente casero que tuvo. Anoche supimos que reaparecerá el sábado vs. Uniautónoma en el Metro. Eso hasta la madrugada de hoy miércoles que escribo esta columna pero, recuerden que todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos…


Aquel inolvidable Promoción 71
Cuco y Barriga


Aquí vamos otra vez rumbo a Bogotá en el vuelo madrugador de Avianca los domingos. Miro por la ventanilla 1K a Barranquilla, grande, soleada, en el reposo del fin de semana. Pienso en Cuco y en Barriga. Dos compañeros de estudios asesinados en los últimos dos meses. El primero en caer baleado fue Roberto Rueda Rodríguez (Cuco) en un crimen que se dice fue pasional o motivado para no pagarle una deuda. Ayer sábado, por la tarde, los integrantes de la gloriosa Promoción 71 (así la bautizamos) de la Escuela Normal Nacional de Varones del Litoral Atlántico (hoy Escuela Normal La Hacienda) nos íbamos a reunir en casa del compañero José Escobar, convocados, como siempre,  por Richard Field para unirnos a los festejos de los 100 años de nuestra escuela en mayo venidero. Nos habíamos cruzado correos. El primero que respondió al llamado fue Barriga, Jorge Daza Barriga. En su correo manifestaba su disposición para lo que se necesitara de él. El segundo fui yo. El sábado lo que nos convocó fue el dolor, el asombroso y la tristeza de saber que disparos asesinos terminaron la vida del incansable Barriga. El Dr. Jorge Daza Barriga vino de Distracción, Guajira, a estudiar “para maestro”. Con él, además, llegaron de diferentes sectores de la península medio centenar más de jóvenes guajiros (Machetico, Tatareto, el Turco, Monchi, Vlacho, Caregato, entre otros) de San Andrés, Córdoba, Sucre, Bolívar, Magdalena y Cesar.  Eran los tiempos en que la Escuela Normal tenía el mejor internado de la región, espacioso, bullicioso y con una cocina inigualable regentada por la Seño Fulvia Chávez y Amalia Echeverría (de Mompox donde se acuesta uno y se levantan dos y corra que Amalia se cabreaba) una cocinera como ninguna.

De Barriga recordamos su llegada, su inquietud por todo, explotaba su pintica a lo Porfirio Rubirosa, su delirio por el vallenato, por el conjunto de la escuela donde se destacaba el Dr. Yepes tocando el acordeón. Siempre fue hiperactivo.

Hizo buenas migas con el Lic. Blas Torres de la Torre que lo ayudó y lo protegió como a un hijo. Justamente, a través del “Caballo” (remoquete del profesor Blas) conoció a Coki Páez, la mujer de su vida y madre de sus tres hijos. De su vida que se cortó dolorosamente la noche del viernes por el impacto de siete balas asesinas disparadas por un ser abominable.

Le escribí a mis compañeros de la Promoción 71 que si el desalmado sicario hubiera conocido la educación que recibimos en la Normal y siquiera algo de la hoja de vida de Barriga, sus estudios, sus logros, su sentido social y su amor por el prójimo y su familia es posible que no hubiera disparado.

Sus pacientes lo van a extrañar, como todas y cada una de las entidades de la que fue socio y fundador, lo va a extrañar su familia, lo va a extrañar Barranquilla y la Guajira y lo va a extrañar nuestra Promoción 71.

Lo de decirle Barriga en lugar de Daza ocurrió porque durante los seis años de estudio su nombre era Jorge Barriga Daza. Cuando le pidieron el registro civil, para el grado que sería el 20 de noviembre de 1971, los Hermanos de San Juan Bautista de La Salle, que regentaban la Normal de entonces, se dieron cuenta que su nombre era Jorge Daza Barriga. Él explicó que era una costumbre guajira anteponer el apellido materno al paterno. No obstante, para poder recibir su título de Maestro tuvo que cambiar su registro. Por eso, quienes estudiamos con él nunca le llamamos Daza sino Barriga.

No voy a exigir investigaciones pues es lo más elemental que le podemos pedir a las autoridades. Lo que pido es una reflexión. No podemos seguir perdiendo gente valiosa como Barriga, o como Cuco,  solo por odios absurdos y peleas estériles. No podemos dejar huérfana a familias enteras. No podemos cercenar el futuro de hijos que quedan sin el amparo de padres admirables como Jorge y Roberto. Hay que parar. Hay que pensar como hombres racionales en lugar de reaccionar como animales irracionales.

Buen viaje Barriga. Buen viaje Cuco. Lo hicieron bien muchachos, hasta donde los asesinos permitieron…


Fe vs. Ciencia


La lesión de Falcao García unió a Colombia. Como aquella marcha blanca contra el terrorismo. Las redes sociales se congestionaron con mensajes positivos llenos de buena energía y con contenidos filosóficos, religiosos y de testimonios de vida. Hoy, los seguidores del fútbol nos debatimos entre la parte de las creencias religiosas y la parte científico médica. La Fe por encima de todo señalan unos. Que sea lo que Dios quiera. Otros, confiar en los médicos y rehabilitadores. Hay quienes enfocan más la recuperación de Falcao porque le hará falta a la Selección Colombia. Otros por su futuro. Total, es joven y puede ir a otro mundial. En medio de todos están Falcao y el Dr. Noronha. La fortaleza mental, física y la disposición del jugador y el conocimiento médico y la mano certera para refaccionar el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Falcao sabe lo que representa para el fútbol del mundo, sabe que los aficionados, de toda parte, quieren verlo en Brasil 2014. Total es uno de los mejores. El Dr. José Carlos Noronha sabe que es, tal vez, el mejor especialista del mundo en rodilla y, sobre todo, en problemas ligamentarios. No en vano ha escrito cuatro libros sobre el tema. Otra vez la Fe en quien todo lo puede y el conocimiento científico frente a frente tratando de lograr el mismo fin: la recuperación de Falcao. Pensamos que ambos frentes son importantes. La Fe cristiana de Falcao para poner en manos de su Dios su futuro y el conocimiento científico de Noronha son vitales. Una complementará a la otra. Por tanto, es menester que quienes oran por la rehabilitación de Falcao lo hagan con los pies sobre la tierra entendiendo que, justo aquí en este valle de lágrimas, lo sensato es confiar en la medicina. Hay que hablar con la verdad para no enredar la información. Lo de Falcao es serio. No es un golpe, es una rotura. El plazo científico para su recuperación es de seis a ocho meses. El mundial comenzará el 10 de junio. Menos de cinco meses. O sea que no está en el rango para su recuperación. Por tanto, mientras Noronha y los rehabilitadores trabajan con Falcao los creyentes deberán esperar lo que, de verdad, llevará a Falcao al mundial: solo un milagro del buen Dios. Los escépticos dicen que los milagros no existen pero… yo he visto muchos. Equilibremos pues la Fe con la ciencia y esperemos. Solo eso podemos hacer, de momento. Esperar y confiar.


Once x uno


Y aquí estoy, otra vez, en el Salón VIP de Avianca como en los últimos cinco años regresando a Bogotá después de las vacaciones (obligatorias, por demás) con el sonido vivo de los tambores, con la cadencia de los bailarines, con la voz de los cantantes y con espectáculo maravilloso de la lectura del Bando, de la Reina María Margarita, dando inicio a nuestro carnaval. Es la rutina semanal de mis últimos cinco años. El año pasado hice 94 trayectos Barranquilla-Bogotá y Bogotá-Barranquilla. El fútbol nos ha cambiado la rutina de vida. Antes era un partido semanal, un programa de radio de lunes a viernes y listo. Ahora hay fútbol a diario. Hoy existen torneos que mueven el fútbol todo el año. Liga, Torneo y Copa Postobón, Copa Libertadores y Suramericana, Clasificatorio a los mundiales de fútbol, Copa Mundial de la FIFA. Esto solo en Suramérica puesto que en cada continente también hay competiciones regionales.

El fútbol ha cambiado las formas y maneras de ver el deporte. Con la llegada del Canal Win Sports los aficionados a los equipos no se pierden ningún juego. Hay partidos viernes, sábado, domingo y lunes. Hay también los miércoles y jueves (Liga o Copa Postobón). Por la dinámica del fútbol existe el Carrusel Deportivo de Caracol porque le gente quiere estar con la oreja en cada estadio. Por el mismo fútbol AL DÍA, El Heraldo, Diario Deportes e Informadores Deportivos en Emisoras ABC no pueden ignorar al Junior un solo día. Ya no es el plácido partido de los domingos por la tarde en el Romelio Martínez. Ahora el fútbol nos copa todo los días.

Y es el fútbol el que cambió las costumbres publicitarias de grandes empresas. Ahora aparecen en las camisetas, en el telón de fondo de las conferencias de prensa, en el propio terreno de juego, en las medias y pantalonetas.

Por toda esta avalancha me inventé el 11x1. Once meses de trabajo por uno de descanso. Descanso real con tres días de chequeos médicos. En ese mes me dedico a mis otras pasiones: mi familia, leer y escribir. Tenía un compromiso conmigo mismo para volver a leer  tres novelas escritas por barranquilleros: Los domingos de Charito de Julio Olaciregui (que se fue a París y se dejó atrapar por el encanto de ese país que, en su campiña, aún andan low motion); Vulgata Caribe de Marcos Schwartz (que se fue a España y quedó atrapado también aunque por gracia de El Heraldo vino a ocupar el cargo de su inolvidable amigo Ernesto McCausland) y Una pasión impresentable de Lola Salcedo (la primera periodista mujer que conocí en Diario del Caribe en los años 70 y cuando, como cosa rara, se codeaba de tú a tú con los hombres en la sala de redacción. Lola impuso moda informal, baticas, chancletas, pulseras, aretes y collares antes que en las pasarelas y fue la primera en utilizar las palabrotas que se escuchan cuando hay dos o más periodistas reunidos). En algún momento les comentaré sobre las tres novelas que salieron en años diferentes pero que tienen esa candencia caribe,  inconfundible e historias propias de nuestra cotidianidad. Bueno, a partir de hoy, comienzan los 11 meses de trabajo. Que el Dios de sus corazones, el éxito y la prosperidad les acompañen siempre…

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