Por Aiko Tsukiko
DD+ia/Los Ángeles
La barrida de Milwaukee dejó al descubierto las preocupaciones de Los Ángeles: la salud de Shohei Ohtani, la posible salida de Tarik Skubal, nueve jugadores rumbo a la agencia libre y la incertidumbre laboral de las Grandes Ligas.
Hay silencios que duelen más que una derrota. El de los Dodgers, después de perder el cuarto partido de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, fue uno de ellos.
Mientras los Cerveceros de Milwaukee celebraban su regreso a la Serie Mundial después de 44 años, los jugadores de Los Ángeles recogían sus pertenencias, intercambiaban abrazos y comenzaban a despedirse. Nadie imaginaba semejante desenlace.
Los bicampeones defensores habían construido una plantilla extraordinaria para perseguir otra corona. Sin embargo, octubre les recordó que los campeonatos no se compran y que ninguna nómina garantiza la felicidad.
Milwaukee los barrió 4-0. Y ahora comienza un invierno cargado de preguntas. La más importante tiene nombre propio: Shohei Ohtani.
El japonés, convertido en símbolo de una nueva era del béisbol, terminó la temporada condicionado por molestias en la rodilla izquierda y el bíceps derecho.
Su bate perdió parte de aquella explosividad que lo hizo extraordinario. Tampoco volvió a lanzar después del Juego de Estrellas. Ahora existe la posibilidad de una intervención quirúrgica.
Ohtani, que cumplirá 33 años en julio, desea regresar al montículo en 2027. Pero su historial de dos operaciones Tommy John obliga a mirar el futuro con prudencia.
Andrew Friedman, presidente de operaciones de béisbol, entiende que mantener semejante exigencia física tiene consecuencias.
Porque detrás del fenómeno deportivo también existe un ser humano. Un hombre que siente dolor, envejece y necesita recuperarse. Pero la incertidumbre no termina allí.
El convenio colectivo de las Grandes Ligas vence el primero de diciembre y las diferencias entre propietarios y jugadores amenazan con provocar un cierre patronal.
Un eventual conflicto paralizaría las actividades de los clubes y complicaría la comunicación médica con sus peloteros.
También podría alterar profundamente la planificación económica de Los Ángeles, cuya nómina inaugural alcanzó los 323,3 millones de dólares. Y están las despedidas.
Tarik Skubal, adquirido de Detroit durante la temporada, encabeza un grupo de nueve jugadores próximos a convertirse en agentes libres.
El zurdo llegó para fortalecer la rotación y respondió con actuaciones importantes, pero su continuidad representa una incógnita.
Miguel Rojas, en cambio, ya tomó una decisión. “Ese fue mi último partido”, anunció el veterano venezolano.
Su despedida tiene algo de melancolía y gratitud. Dejará de jugar, aunque continuará vinculado a la organización formando nuevas generaciones. Precisamente allí aparece una pequeña luz.
Josue De Paula, de apenas 21 años, dejó señales alentadoras después de ascender desde Doble-A en septiembre. Su entusiasmo representa la esperanza de una renovación necesaria.
Los Dodgers tendrán que decidir a quién conservar, a quién despedir y cómo proteger a su principal estrella. Pero antes deberán aceptar una verdad incómoda. El dinero puede reunir talentos extraordinarios pero no puede impedir las lesiones, detener el tiempo ni garantizar victorias.
Los Ángeles soñaba con prolongar su reinado. Milwaukee le cerró las puertas de octubre. Ahora, entre el dolor de la eliminación y la esperanza de sus jóvenes, los Dodgers deberán aprender a comenzar otra vez.
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