Pelotas y Letras | Por Hugo Illera | ¡Con España, ganó el fútbol!

Ganó el fútbol. Ha sido la conclusión más escuchada y leída  después de la Final del Mundial ganada por España a Argentina 1×0 en tiempo de alargue con gol para la historia de Ferran Torres habilitado por Nico Williams a los 106 minutos.

Es que era la confrontación del fútbol-fútbol de España, el higiénico, el bien jugado, el desarrollado con ideas, el de la presión, la creación y los goles contra un fútbol-huevo, pata dura y puño traicionero  como el de Argentina. 

Un fútbol-fútbol higiénico de España tan diferente a la Argentina actual donde cabe la violencia, la patada artera, el puño, la carga desleal con el codo en la espalda del rival o el codazo en el juego aéreo con la complacencia de los árbitros, un fútbol boqui sucio, mal intencionado, que se fue diluyendo en los cuatro años posteriores a ganar el Mundial de Catar, hasta quedar desleído como el hielo en el fragor de los partidos.

En el fútbol-fútbol vs. fútbol huevo, ganó el primero con todos los méritos. Ante el puño, la patada y el codazo, hubo una España que desconectó a Lionel Messi del resto de sus compañeros en un Deja Vú como lo había hecho Chile en aquella final de la Copa América y en ese mismo estadio.

Con Messi anulado, Argentina quedó sin luz, sin norte, sin esencia, convirtiéndose en un equipo pobre, violento física y bucalmente, aplicando la violencia como único recurso.

Se les fue la mano en la chabacanería que practican. Tanto, que todas las 7 amonestaciones y 1 expulsión (Enzo Fernández) fueron mostradas a Argentina (incluyendo al DT Scaloni)  cuando el árbitro entendió, algo tarde, que iba camino de un desastre en su arbitraje por dar largo a los golpes de los argentinos.

Los únicos que se salvan de la hecatombe futbolística, y de caída de imagen ante el mundo, son Lionel Messi y Dibu Martínez. Al crack argentino se le notaba que le costaba y que, con el correr de los minutos y la marcación de Rodri y Ruiz, se fue perdiendo porque casi que no tocó la pelota cuando siempre es lo contrario.

Y el Dibu porque, mientras Unai Simón el arquero de España veía en luego desde la distancia, él tapó 12 tiros al arco de los 20 que remató el hoy campeón.

De resto, la selección gaucha no tuvo remate al arco de Simón en 120 minutos. Algo que debe ser inédito en la historia de los mundiales. No tuvo remates, al arco o desviados, en los 90 minutos, y en los 30 de adición 2 remates perdidos, ninguno a puerta en la confirmación que Messi y Dibu han sido todo en esa selección.

Hace cuatro años en Catar, Francia se despidió como campeona  con honores en la final contra Argentina. Esta vez los argentinos se han despedido pobremente dejando una imagen futbolística y de comportamiento que tendrán que lavar en el próximo cuatrienio rumbo a España, Portugal y Marruecos que realizarán el Mundial 2030.

Fue tan chabacana la despedida de Argentina, como campeona del mundo que, en medio de los festejos de España, fueron a buscar camorra.

Que triste haber visto a Leandro Paredes golpear al juvenil Gabi, que cayó al suelo, y rompiéndole el peto azul que tenía puesto. El árbitro Slavko Vinčić le mostró tarjeta roja por esa acción aunque ya el partido había finalizado.

Como los reclamos de Otamendi a Rodri que lo miraba con cara de sorprendido o como la acción maleducada de los jugadores argentinos dándoles la espalda a los españoles en el momento de la premiación.

Como dicen ellos, los paisanos de la madre patria, en hora buena ha ganado España. La que encarna el fútbol-fútbol, el fútbol limpio, higiénico, el del campeón del mundo, el del mejor equipo del Mundial.

Lástima por Messi, él no merecía una final como la que se acaba de jugar. Tal vez ahora, en medio de las lágrimas de su dolor y tristeza, haya comprendido que él era todo en esa selección.

Es que España les apagó el foco Lionel y Argentina quedó reducida a un oscuro y  pobre equipo pegón…

Barranquilla
Julio 19, 2026

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