Pelotas y Letras | Por Hugo Illera | Junior, la tercera estrella con los mismos rivales de ahora (el gol que detuvo la noche)

La tercera estrella, la tercera en diciembre, la primera un domingo, en 1993, la primera en casa, la fiesta desbordada y la locura colectiva fue total. Esta estrella tuvo todos los ingredientes necesarios para no olvidar nada de lo acontecido esa noche en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla con 75 mil personas apretujadas en sus gradas. ¿Cómo cupieron? Pues sabrá Juancho.

Anécdotas quedaron a montones. Comenzando por el “casi” final del partido puesto que el marcador marcaba empate 2×2 entre Junior y América. Y “casi” porque el juego no había culminado y en la capital de Antioquia, el Independiente Medellín daba la vuelta olímpica en el Estadio Atanasio Girardot después de vencer 1×0 a Nacional ya que, con ese empate en el Metro, se coronaban campeones.

Por una falsa información los festejos se habían adelantado y, nadie ha olvidado la entrevista en la televisión a la “Gambeta” Estrada que, con un collar de arepas antioqueñas, hablaba de su sueño de ser campeón cuando de pronto, al aire, alguien gritó que el juego en Barranquilla no había terminado y  que el Junior había anotado un tercer gol. La cara de la “Gambeta” quedó momificada para la eternidad, después se quitó el famoso collar y fue a llorar su desencanto.

En ese partido hubo de todo. Fue, finalmente, una victoria 3×2 del Junior sobre América que estuvo arriba 1×0 al terminar el primer tiempo con gol de Alex Escobar y penal tapado de Óscar Córdoba a Iván Valenciano, con un Junior que empató 1×1 y se montó 2×1 con goles del “Niche” Guerrero, que recibió un gol de tiro penal de Wilson Pérez, por mano de Iván Valenciano en la barrera tras el cobro de un tiro libre, para empatar el juego otra vez 2×2.

Desde ese instante, 34 minutos del segundo tiempo, hasta diez minutos después, en que el “Nene” Mackenzie anotó, en el minuto final, unos de los goles más célebres y bonitos en la historia del Junior, tras pases sucesivos de Víctor Pacheco al “Pibe” Valderrama y este a Mackenzie, el mundo Juniorista trepidó entre el golpe del empate que dejaba al equipo sin su estrella de diciembre, de la angustia de todos, de Comesaña salido de la ropa, del público que invadió la pista atlética, del Pibe hablándole al árbitro Fernando Panesso, cuando el juego estaba empatado, que no fuera a pitar el final porque podría ocurrir algo allí, a volver a decirle, al estar arriba 3×2, que pitara rápido el final por la misma razón si América empataba, de la confesión, después de los años, de Fuad Char diciendo que “había amenazado” al mismo Panesso y el mismo Panesso perdido en la multitud al pitar el final pidiendo auxilio a la Policía.

Que cómo llegó Panesso al camerino, es uno de los grandes misterios de la humanidad puesto que, mientras corría despavorido, todos estábamos preocupados por el “Nene” Mackenzie que había quedado debajo del “que crezca la pila” más monumental de la historia del Junior temiendo, los que estábamos en la tribuna, que algo  pudiera ocurrirle.

Un rato después el “Nene” salió incólume y, mientras,  nosotros entrevistábamos a su padre “el Chicho” Mackenzie que sólo atinó a decir, repetidamente, es que… es que… es que…, sin más, preocupado primero, pero feliz después, por la hazaña de su hijo que era llevado en hombros.

Los jugadores fueron desnudados por los invasores de canchas para tener un recuerdo, camisetas, pantalonetas, medias, tacos, se perdieron de mano en mano y se dio la vuelta olímpica más tumultuosa de la historia con participación, incluso, de agentes de la Policía, miembros de la Cruz Roja y periodistas.

Al llegar al camerino, Julio Comesaña, que acaba de ganar su primer título, notó que las hebillas de sus mocasines habían sido arrancadas. Mejor que se hubieran llevado los zapatos completos, dijo sonriendo.

Y ahora una anécdota jamás contada. Al bajar al parqueadero, a buscar nuestro automóvil, apareció William Knight, genio y figura del Junior, tenía todas las cervezas posibles entre pecho y espalda, abrió la puerta  trasera y me dijo ¡me llevas a mi casa!

Lo venía persiguiendo una tromba de gente tratando de quitarle un balón. ¡Es el balón del gol de Mackenzie! Me dijo. Y ahora teníamos a ese rebulicio alrededor del carro y William con el balón debajo de la camiseta.

Logré salir del estadio y le dije que tenía que ir rápido a la emisora a seguir la transmisión, que le daría para el taxi. Me gritó entonces, ¡taxi, tú estás loco, dónde voy a encontrar un taxi, me llevas a mi casa!

Enfilé para la calle 30, entré en el Boulevard de Simón Bolívar, sólo para descubrir, aunque lo esperaba, que estaba peor de lleno y de desordenado que el Metro. Esperanzado en que me diera el balón, pues se lo pedí durante todo el trayecto, negándose con el mismo ¡tú estás loco, este balón es mío!

De pronto escuche la puerta trasera que se abrió, vi a William saltar y perderse en la multitud, dejándome en semejante berenjenal. No pude volver. Tuve que llegar pitando como todos los carros y motos hasta la calle 17, pase por la cervecería, salí al Paseo de Bolívar y subí por la carrera 43.

¿Dónde quedó el histórico balón? Pues sólo Dios sabrá porque, con la pea que tenía, no creo que William, a estas alturas de la vida, se acuerde…

Barranquilla
Diciembre 19, 1993
Junior 3 x América 2
Estadio Metropolitano Roberto Meléndez
70.000 personas
Árbitro Fernando Panesso

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