El golpe de la emoción no deja ver cosas que suceden antes de los grandes acontecimientos. Nos quedamos siempre con el desenlace. Me refiero al penalti tapado por Mauro Silveria a Dayro Moreno el gran cobrador de esos tiros.
En sólo un instante hubo cosas que no se percibieron: el árbitro Carlos Betancur adicionó 5 minutos después de los 45 reglamentarios del segundo tiempo y el atropello de Lucas Monzón a Dayro Moreno para el penalti a favor del Once Caldas lo hizo a los 45+5:00 exactos. Ya Betancur iba a pitar el final del juego.
En Barranquilla cayó un balde agua fría, en Manizales estalló la emoción de los seguidores del blanco-blanco. Lo que se venía era la batalla entre un arquero de gran actuación como el uruguayo Silveira y un pateador “casi” infalible como Dayro, el gran goleador en la historia del fútbol profesional en Colombia. Las apuestas, con seguridad, dieron favorito a Dayro 99 a 1.
Y seamos sinceros, después del golpe el chip del Juniorismo cambió. Levanten la mano quienes en el estadio o fuera de él se unieron mentalmente para que Silveira lo tapara. Particularmente le dije a Lizeth que lo tapaba. Y con seguridad esas fueron las energías que se unieron para terminar un juego inverosímil que clasificó al Junior de Barranquilla, actual campeón, a la semifinal de la Liga 2026-1.
La “discutidera” entre los jugadores del Junior y Caldas duró 7:30 minutos. A los 11:57 adicionales Betancur pitó para el cobro de Dayro que esperó 7 segundos antes de tomar carrera haciendo el juego que siempre hace en sus cobros. A los 12:04 corrió, hizo el brinquito de siempre, Silveira no se movió, lo aguantó a él, no Dayro a Silveira, que observó la posición de su pierna derecha que le dio “el visaje” que Dayro lanzaría al palo derecho y con timing perfecto se lanzó y rebotó el balón con los dos puños a los 12:05 y tuvo, además, la reacción de ponerse en pie e ir a buscar el balón que había quedo en el mismo Dayro y contener su remate con el pecho en medio de los gritos de júbilo de la hinchada dentro y fuera del estadio que se escuchó en toda Barranquilla.
Y mientras a los 12:11 Dayro se llevaba las manos a la cabeza, Carlos Betancur pitó el final del juego. Silveira se dio vuelta y saltó con el puño apretado, de frente a la tribuna detrás del arco sobre la calle 72, hasta ser alcanzado por Monzón y todos los muchachos en un “que crezca la pila” de emoción.
Me llamó la atención, particularmente, el abrazo rompe costillas de Silveira con Jefferson Martínez, segundo arquero, como diciéndose “lo trabajamos y salió”. Lizeth sostiene que se aprendieron de memoria el cuento de Dayro para vencer arqueros tras arqueros.
Después, las cámaras de WIN mostraron alternadamente a Silveira y el festejo del Junior y el camino de la derrota de Dayro que, incluso, rechazó el abrazo de un compañero.
Difícilmente se podrá olvidar este juego empatado 2×2. Por el final que vistió de héroe a Mauro Silveira, por lo ocurrido con Lucas Monzón que anotó gol, autogol y cometió la falta para el penal con que se escribió otra página gloriosa del Junior con otro arquero uruguayo.
Es el fútbol como la vida, un carrusel de emociones que produce risas y llantos, emociones y tristezas, triunfos y derrotas…
Barranquilla
Mayo 15, 2026
- May 15, 2026
- Hugo Illera
Pelotas y Letras | Por Hugo Illera | Junior, Silveira y la noche de esa noche
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