Columnista Invitado

Aquel 10 de noviembre

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Por ÓSCAR TOBÓN
La tarde del 10 de noviembre de 1996 los hinchas que asistieron a la famosa Bombonera de Buenos Aires no solo presenciaron el encuentro entre Boca Juniors y Unión de Santafé sino también el debut de un joven de 18 años, llamado Juan Román Riquelme, que para ese entonces no vestía la gloriosa camiseta número 10, de la escuadra boquense.

Quien diría que aquel flaco muchacho de figura desgarbada, de hablar poco y mirada triste seria con el paso del tiempo el conductor dentro del terreno de juego de la escuadra más ganadora de la institución de la Rivera, pues con la casaca azul y oro, esta conseguiría títulos locales e internacionales y deslumbraría no solo con su manera de jugar el futbol, no solo a la Argentina sino al mundo entero.

Para hoy quien escribe esta columna la mejor muestra futbolística del crack boquense la vimos todos los aficionados a este bello deporte en diciembre del año 2.000, en Tokio Japón cuando Boca supero aquella noche japonesa al encopetado Real Madrid en el partido por la final Intercontinental de clubes y consagro a la escuadra argentina como la mejor del mundo.

En aquel recordado juego en tierra japonesa Riquelme, dibujó en el gramado del estadio nacional de Tokio con sus botines una verdadera obra de artes, la cual se vio culminada con aquellos dos goles de Martín Palermo.

Román no solo brillo con su Boca querido sino también lo hizo con su selección nacional, donde consiguió el Mundial Juvenil en Malasia en 1997 en donde también dejo plasmada su magia con el balón.

El oro olímpico en Beijing 2008, razones suficientes estas para que 29 años después de aquella inolvidable fecha, darles las gracias a los dioses del futbol y a la vida por permitirnos ver y disfrutar de la magia y el talento de tal vez el último gran diez que vistió la camiseta de Boca y que hizo vibrar los corazones de todos aquellos que seguimos a tan afamado club y vimos y sentimos su fútbol como aquel amante de la buena poesía porque al final  de la historia Riquelme era un poeta con el balón en sus pies.