Columnista Invitado

El día que vi por primera vez a Maradona

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Por ÓSCAR TOBÓN
No sé por qué motivo en estos días cuando el resto del mundo estaba en las calles celebrando las fiestas del Rey Momo, yo en mi habitación recordaba cuando tuve la fortuna de ver por primera vez a un genio del balón como  lo fue Diego Armando Maradona, exactamente fue un domingo de 1990 en la final del Mundial de Italia.

Yo que era un niño para ese entonces recuerdo  estar sentado junto a mi padre frente al televisor observando aquel juego, que tenía mucha gente pegada a la pantalla chica. Lo que más me sorprendió de aquella tarde fue ver a un pequeño hombre que parecía un director de orquesta, pues con el balón pegado a su pie izquierdo y una actitud de guerrero dirigía aquella tarde a los campeones del mundo.

Yo impresionado con la habilidad del “Pelusa” como lo llamo en repetidas ocasiones la voz de la radio que nos contaba las incidencias de ese crucial partido.

Solo atiné a pregúntale a mi padre ¿Quién es ese?, mi papá con voz firme respondió: “Ese es Maradona el mejor del mundo lástima que es argentino”. Yo, después de eso y a pesar de la  última frase dicha por mi papá, seguí encantado apreciando como Maradona dominaba la pelota a pesar de la estricta marca del cuadro alemán, que a la postre y gracias a un dudoso penalti pudo consagrarse campeón del mundo por tercera vez en su historia.

Y cuando el árbitro uruguayo nacionalizado mexicano Edgardo Codesal pito el final del encuentro, vi brotar de los ojos del diez argentino no unas lágrimas de dolor, sino de frustración, de rabia como presagio tal vez de que esta sería su última final mundialista. Pero para mí fue el inicio de una admiración por su manera de jugar que siempre perdurará en la mente de este columnista.