Por ÓSCAR TOBÓN
La presente columna no es para criticar, ni alabar el juego mostrado por la selección colombiana de fútbol en sus dos compromisos disputados, en la fase de grupos de la Copa Mundial lo que escribo hoy aquí va más allá.
Es para exaltar el fenómeno que producen esos once hombres que saltan a cualquier cancha, no solo en este torneo sino en cualquier otro evento enfundados en esa vistosa camiseta amarilla, que no solo representa el fútbol del país sino también el espíritu y el alma de este.
En medio de esa alegría que el combinado nacional de fútbol despierta e los más de cincuenta millones de colombianos dentro y fuera de nuestras fronteras, como he podido observar durante los dos triunfos mundialistas, primero ante Uzbekistán y luego ante su similar del Congo, es ese sentimiento de unidad que nuestro seleccionado con sus goles y jugadas ha despertado en cada uno de los que hemos tenido la fortuna de haber nacido en esta tierra, y gracias a este onceno conformado por muchachos nacidos en distintas regiones de nuestra nación.
Por noventa minutos nos olvidamos de nuestras diferencias y logramos entender así sea gritando un gol ,que unidos nos va mejor y somos un país capaz de vivir en paz aunque sea por noventa minutos, y mostrando siempre lo mejor del ser colombiano.




