Por Migdonio Aguirre
DD+ia/Pasto
Diego Merino Rivera llega al banquillo volcánico con la misión de devolverle estabilidad, confianza y resultados a un equipo que vuelve a comenzar.
En el fútbol, como en la vida, hay momentos en los que cambiar de camino parece la única manera de encontrar el destino. Deportivo Pasto decidió hacerlo nuevamente. Esta vez, su esperanza tiene acento español y responde al nombre de Diego Merino Rivera.
El club nariñense anunció este lunes la llegada del entrenador de 38 años, quien asumirá la dirección técnica del equipo profesional masculino después de una etapa marcada por movimientos en el banquillo y la salida de Jhonatan Risueño.
También terminó el ciclo de René Rosero y Wilson Morelo, quienes habían asumido responsabilidades dentro del cuerpo técnico. Ahora comienza una nueva historia, con otras ideas, nuevos protagonistas y la misma necesidad de ganar.
Merino llega respaldado por una trayectoria que combina formación europea y experiencia sudamericana. Sus primeros pasos estuvieron ligados al fútbol formativo del Rayo Vallecano, mientras que en Venezuela alcanzó uno de sus mayores reconocimientos al conquistar un título con Carabobo FC en 2024.
En Colombia ya conoce las exigencias del campeonato gracias a su paso por La Equidad.
Pero ningún entrenador gana solamente con su hoja de vida. Los resultados se construyen en los entrenamientos, en el vestuario y, especialmente, cuando la pelota comienza a rodar.
Por eso, Pasto también renovó su equipo de trabajo.
Héctor Carrión Mayo llega como preparador físico, respaldado por estudios especializados y experiencia internacional. Fabián y Edson Francia será el primer asistente técnico, después de trabajar en clubes venezolanos y selecciones juveniles de ese país.
Carlos Rendón, conocedor de la institución, ocupará el puesto de segundo asistente, mientras Carlos David Gómez se integrará como segundo preparador físico.
La apuesta reúne juventud, preparación académica, experiencia y conocimiento del entorno.
Sin embargo, el verdadero desafío estará en recuperar la confianza de un equipo que necesita encontrar respuestas sobre el terreno de juego.
En Pasto, donde el fútbol se vive con la intensidad del volcán Galeras, los aficionados esperan algo más que un nuevo entrenador.
Esperan que este cambio no sea simplemente otra página del calendario, sino el comienzo de una historia que vuelva a merecer aplausos.
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