Por Didi Montgomery
DD+ia/París
Francia necesitó apenas 14 minutos para convertir una derrota en una goleada. Italia, mientras tanto, volvió a celebrar en casa con Roberto Mancini. La jornada de la UEFA Nations League dejó dos victorias importantes en el Grupo A1 y la sensación de que franceses e italianos comienzan a mostrar sus mejores argumentos.
En Francia, Bélgica fue la primera en golpear.
Dodi Lukébakio silenció momentáneamente a los locales con el tanto que permitió a los belgas marcharse al descanso con ventaja. Les Bleus tenían la pelota y nombres suficientes para reaccionar, pero les faltaba profundidad.
Entonces apareció Zinédine Zidane.
El seleccionador francés miró hacia un banco cargado de talento, movió sus piezas después del descanso y el partido cambió por completo. Francia comenzó a jugar más rápido, encontró espacios y desató una ofensiva que Bélgica simplemente no pudo contener.
Désiré Doué y Rayan Cherki dieron vuelta al marcador prácticamente de inmediato.
Lo que hasta entonces había sido preocupación se convirtió en entusiasmo. Y Francia no levantó el pie.
Michael Olise terminó transformándose en uno de los grandes protagonistas de la noche al marcar dos veces en el tramo final para completar el contundente 4-1.
Cuatro goles franceses en apenas 14 minutos.
Una ráfaga devastadora.
El triunfo permitió a Francia conservar su condición de invicta en el Grupo A1 y dejó otra demostración de la extraordinaria profundidad de una plantilla capaz de cambiar un partido desde el banco.

Italia también responde
En el otro gran encuentro de la jornada, Italia derrotó 3-1 a Turquía y le entregó a Roberto Mancini su primera victoria como local desde su regreso al banquillo de la Azzurra.
Gianluca Scamacca abrió el marcador y permitió a Italia llegar al descanso en ventaja.
Turquía reaccionó después del intermedio mediante Aral Şimşir, pero la igualdad duró poco. Riccardo Calafiori, recién ingresado, apareció de cabeza para devolverle la ventaja a los italianos.
Finalmente, Pio Esposito puso el 3-1 y acabó con cualquier esperanza turca.
Francia lo hizo mediante una explosión ofensiva. Italia, con paciencia y respuestas desde el banco.
Dos maneras diferentes de ganar.
Y una misma advertencia para Europa: cuando Francia e Italia encuentran soluciones, el partido puede cambiar en cuestión de minutos.
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