Por Emiliano Medrano
DD+IA/México, DF
Hay fechas que el fútbol no olvida. El 11 de junio de 2010, en Johannesburgo, un tal Siphiwe Tshabalala corrió hacia el arco, disparó con la zurda y mandó al mundo a temblar al ritmo de las vuvuzelas. Sudáfrica, anfitriona y símbolo de un continente, abría su propio Mundial con un golazo que quedará para siempre en los libros. México respondió por medio de Rafael Márquez y el 1-1 quedó grabado como la apertura más épica en décadas. Dieciséis años después, el guion regresa —invertido y magnificado— a la catedral más antigua del fútbol mundial.
El Estadio Azteca recibe hoy la Copa del Mundo por tercera vez en su historia. Pelé levantó el trofeo aquí en 1970. Maradona inmortalizó la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” en 1986. Hoy, con más de 87.000 almas en sus gradas y el planeta entero mirando, el coloso del Pedregal vuelve a ser el centro del universo.
La ceremonia inaugural tiene el reparto que merece la ocasión. Shakira y Burna Boy encabezan el espectáculo para estrenar en vivo Dai Dai, el himno oficial del torneo. Los acompañan Tyla, J Balvin, Maná, Alejandro Fernández y Los Ángeles Azules, en una puesta en escena inspirada en el papel picado mexicano. Música, color y fuego antes de que ruede el balón.
Pero la fiesta tiene sus sombras. Las protestas del sindicato de maestros mexicanos pusieron en riesgo el Fan Fest oficial, al que estaba prevista la asistencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. El pueblo que celebra en las calles es el mismo que lleva semanas exigiendo en ellas. Esa tensión, tan mexicana, también forma parte del paisaje.
En el terreno de juego, Javier Aguirre —quien estuvo en el banquillo en aquel empate de 2010 y hoy dirige su tercer ciclo con el Tri— lleva a México en racha. El Tricolor llega con ocho partidos invicto en 2026, incluyendo victorias ante Ghana (2-0), Australia (1-0) y Serbia (5-1) en sus últimos tres compromisos. La única sombra en el arco: el portero titular Luis Ángel Malagón quedó fuera del Mundial por lesión, junto al mediocampista Marcel Ruiz. El veterano Guillermo Ochoa, el único jugador de ambas plantillas que estuvo en el 2010, guarda los tres palos de nuevo.
Enfrente, Hugo Broos conduce a unos Bafana Bafana que llegan como claros favoritos… a perder. Sus últimos ensayos no fueron prometedores: un apagado 0-0 ante Nicaragua y un frustrante 1-1 ante Jamaica a puerta cerrada en Pachuca, resultado que dejó al técnico belga visiblemente insatisfecho. Sin embargo, el equipo africano es más que sus últimos resultados: en su ciclo reciente acumula un 50% de efectividad en victorias y terminó invicto en 19 de sus últimos 24 partidos. No son los mismos de 2010, y eso puede ser una ventaja o una trampa.
Esta es la primera vez en la historia que dos selecciones se repiten como protagonistas del partido inaugural de una Copa del Mundo. La simetría es perfecta e improbable: misma fecha, mismo rival, distinto escenario. Ahora le toca a México ser el anfitrión que lo apuesta todo en el primer partido. La historia dice que los dueños de casa pocas veces pierden la inauguración. La historia también decía que Sudáfrica no marcaría en 2010.
El balón rueda a la 1 de la tarde, hora de Ciudad de México. El mundo contiene el aliento. Y el Azteca, eterno, vuelve a abrir sus entrañas para que el fútbol escriba lo que ningún guionista se atrevería a inventar.
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