Por Giuliano Converti
dd+ia/ Arlington
El fútbol mundial fue testigo de otra página imborrable escrita por Lionel Andrés Messi. En una tarde en la que el talento volvió a imponerse sobre cualquier obstáculo, el capitán de Argentina marcó los dos goles con los que la Albiceleste derrotó 2-0 a Austria y, de paso, se convirtió en el máximo goleador de la historia de las Copas Mundiales de la FIFA.
Ante 70.649 espectadores que colmaron el AT&T Stadium de Arlington y bajo el arbitraje del egipcio Amin Mohamed Omar, Messi ofreció una actuación de antología en un compromiso mucho más complicado de lo que reflejó el marcador final.
Austria planteó un partido intenso, con presión constante y un sólido trabajo defensivo que durante varios minutos logró contener a la ofensiva argentina. Sin embargo, cuando el balón pasa por los pies del mejor futbolista de su generación, cualquier sistema puede derrumbarse.
El primer golpe llegó a los 38 minutos. Messi encontró el espacio justo en una defensa muy cerrada y definió con la serenidad que lo ha acompañado durante toda su carrera para abrir el marcador. El estadio explotó en una ovación al comprender que no solo estaba celebrando el 1-0, sino también un gol destinado a quedar grabado para siempre en la historia de los Mundiales.
Argentina administró la ventaja durante el segundo tiempo, aunque Austria nunca renunció al ataque y obligó a Emiliano “Dibu” Martínez a intervenir en varias ocasiones para mantener el arco en cero.
Cuando el encuentro agonizaba y los europeos buscaban desesperadamente el empate, volvió a aparecer el genio. En el quinto minuto del tiempo añadido (90+5′), Messi culminó un contragolpe con una definición impecable para sentenciar el 2-0 y desatar una nueva celebración en las tribunas.
El segundo tanto fue mucho más que el gol de la tranquilidad. Representó la confirmación de un nuevo hito para el rosarino, quien quedó como el máximo goleador en la historia de la Copa Mundial de la FIFA, un registro que se suma a una colección de logros reservada únicamente para las leyendas del deporte.
Desde su debut mundialista en Alemania 2006, Messi ha construido una trayectoria excepcional. Participó en seis Copas del Mundo, conquistó el título en Catar 2022, rompió numerosos récords de participaciones y partidos disputados, y ahora añade a su extraordinario legado una marca que parecía destinada a permanecer inalcanzable.
La actuación del capitán argentino fue un auténtico concierto futbolístico. Cada intervención suya despertó aplausos, cada aceleración sembró incertidumbre en la defensa rival y cada contacto con el balón recordó por qué continúa siendo uno de los futbolistas más determinantes que ha conocido este deporte.
Con la victoria, Argentina dio un paso decisivo hacia la clasificación a la siguiente ronda del Mundial 2026. Pero el resultado terminó siendo apenas una parte de la historia.
La verdadera noticia nació de los botines del número 10.
Porque los récords están hechos para ser superados, pero algunos solo pueden pertenecer a jugadores extraordinarios. Lionel Messi ya era campeón del mundo, campeón de América, máximo goleador histórico de la selección argentina y uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos.
Ahora también es, en solitario, el máximo goleador de la historia de los Mundiales.
Una leyenda que continúa escribiendo capítulos inolvidables. Un futbolista irrepetible. Un artista que, a sus 39 años, sigue ofreciendo funciones de gala en el escenario más grande del fútbol mundial.
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