Por JIMMY CUADROS
Después de haber sido goleado en casa por Nacional —el mismo equipo que acaba de ser humillado a manos de Millonarios por segunda vez—, Alfredo Arias, técnico rojiblanco, fue a la rueda de prensa a afirmar que iba por el título. Y antes de levantarse de la mesa dijo: “no le temo a la tormenta, yo soy la tormenta”.
Me intrigó saber por qué el entrenador se autodefinía como una tormenta. ¿Acaso se ha dejado llevar por la canción ‘Volcán’, interpretada por José José, y que es viral en redes sociales? “Yo que fui tormenta, yo que fui tornado”, pensé. Pero rápidamente deseché esa idea, pues él ha dicho que no tiene redes y prefiere el mundo real.
Entonces opté por hablar con un prestigioso meteorólogo para entender. El experto, docente universitario por demás, me explicó de manera rápida y sencilla que una tormenta tiene tres fases.
La primera, llamada desarrollo o cúmulo en la que el aire cálido y húmedo asciende de la tierra al cielo y forma un cumulonimbo, que son nubes densas. En esta fase no llueve todavía.
La segunda es la fase de madurez, que es la más peligrosa, porque las corrientes de aire caliente que suben chocan con las corrientes de aire frío que bajan. Entonces empieza a llover muy fuerte con actividad eléctrica (rayos y truenos) y ráfagas de vientos.
La tercera y última fase es la de disipación, que ocurre cuando las corrientes que bajan terminan imponiéndose sobre las que suben y la lluvia disminuye.
Arias y el Junior de Barranquilla creo que están en la primera fase. Hay un cúmulo, no de nubes, sino de situaciones que hacen creer que va a llover fuerte. Este año el equipo solo ha jugado bien contra Millonarios en Bogotá cuando aún era dirigido por Hernán Torres y ante el débil Boyacá Chicó en el Romelio.
Perdió a Enamorado y a Báez, claves en el título, y no ha encontrado solvencia ofensiva ni solidez defensiva. Y, también hay que decirlo, la ausencia de un jugador de dos áreas que dé equilibrio como Didier Moreno también se ha sentido, muy a pesar de que para muchos —y me incluyo— no era un jugador del ‘paladar’ juniorista. Hoy Celis cuando juega se ve rebasado, Rivera regresa apenas de una lesión y Ángel no evoluciona. Juancho Ríos podría ser ese malabarista, pero necesitará de más partidos y de la confianza plena del entrenador.
Arias se precia de ser un técnico que ataca, y que Junior sea el cuarto equipo con más goles en la Liga puede darle la razón. Su lunar es la defensa: es el cuarto equipo más goleado.
Sin embargo, los espesos y oscuros nubarrones empiezan a amenazarlo a él y a Junior por el juego del equipo que ya no elabora, que si bien tiene en muchos pasajes la posesión del balón se vuelve fácil de descifrar, no tiene sorpresas y le apuesta a que sus extremos se inventen alguna jugada o a que Teo frote la lámpara.
Este jueves será el sorteo de la Libertadores. A las 8:30 p.m., cuando Junior empiece a jugar con el Independiente Medellín, ya se conocerán sus rivales en ese torneo continental.
Dos horas después sabremos si la tormenta entra en fase dos, con lluvias y ráfagas de vientos, porque afuera de los ocho hay equipos que vienen apurando. Una derrota ante el DIM sería un relámpago.
Los directivos del equipo tendrán que decidir si gestionan el riesgo o si asumen la consecuencia deportiva y económica. Pero mejor no nos adelantemos. Por ahora solo es una tormenta en un vaso de Arias.
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