Por John Carson
DD+ia/Nueva York
Dusty May llega a Dallas después de conquistar el baloncesto universitario. Otros cinco técnicos también comienzan nuevas aventuras en una liga donde el prestigio se construye victoria tras victoria.
Hay un instante en la vida de los entrenadores en el que el silbato pesa más que nunca.
No porque haya cambiado de tamaño, sino porque detrás de él aparecen las expectativas, las dudas, los recuerdos y esa pregunta que nadie puede responder antes del primer partido: ¿estaré preparado?
Dusty May está a punto de descubrirlo.
Después de conducir a Florida Atlantic al Final Four de 2023 y conquistar el campeonato universitario con Michigan la temporada pasada, el entrenador estadounidense cambia las emociones de la NCAA por las exigencias de la NBA.
Su nuevo hogar serán los Mavericks de Dallas.
May conoce los grandes escenarios, las tribunas repletas y las noches en las que una posesión puede decidir una temporada. Pero también sabe que dirigir profesionales durante 48 minutos representa un desafío diferente.
Su confianza nace de una costumbre: imaginarse viviendo aquello que desea conquistar.
Y ahora el sueño tiene nombre propio: NBA.
No estará solo en esta aventura.
Sean Sweeney asumirá en Orlando y Micah Nori tendrá su primera oportunidad como entrenador principal en Portland. Ambos pasaron años aprendiendo desde el banquillo, observando decisiones ajenas y esperando el momento de tomar las propias.
Nori lo resumió con una reflexión sencilla: cuando uno se convierte en entrenador principal, todas las decisiones terminan sobre sus hombros.
Ya no existe alguien sentado al lado para asumir la responsabilidad definitiva.
También habrá nuevos comienzos para hombres que conocen el oficio.
Taylor Jenkins dirigirá a Milwaukee, Jamahl Mosley buscará reconstruir ilusiones en Nueva Orleans y Tiago Splitter comenzará otra etapa en Chicago.
Cada uno llega con una maleta diferente.
Unos cargan campeonatos universitarios. Otros llevan despedidas inesperadas, oportunidades aplazadas o experiencias que les enseñaron a levantarse después de perder.
Mosley encontró en su salida de Orlando una ocasión para reflexionar, corregir errores y volver a enamorarse de su profesión.
Porque entrenar también consiste en eso: aprender a empezar de nuevo.
La NBA no concede demasiado tiempo para las nostalgias. El calendario avanza, las derrotas duelen y las victorias apenas permiten celebrar antes del siguiente compromiso.
Pero estos seis hombres comparten una certeza.
Ninguno llegó hasta aquí por casualidad.
Y cuando el balón salte por primera vez, descubrirán que los sueños también necesitan aprender a defender, atacar y resistir la presión.
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