Baloncesto

Víctor Wembanyama convirtió el dolor de las Finales en combustible para volver

Por John Carson
DD+ia/San Antonio, TX 

Victor Wembanyama descubrió durante el receso que hay derrotas que no terminan cuando suena la bocina. Algunas se quedan dando vueltas en la cabeza, aparecen cuando se apagan las luces y hasta pueden alterar la disciplinada rutina de un jugador acostumbrado a acostarse a las nueve de la noche.

La caída de San Antonio ante New York en las Finales de la NBA fue una de ellas.

Wembanyama, de 22 años, reconoció que tuvo noches difíciles para conciliar el sueño mientras repasaba una serie en la que los Spurs perdieron en cinco partidos después de desperdiciar ventajas importantes. El francés respondió de la manera que mejor conoce: trabajando.

“No queremos escondernos de nada”, explicó durante el día de prensa de San Antonio. “Vamos a afrontar estas emociones”.

Su verano combinó recuperación emocional, convivencia y preparación física. En agosto reunió a varios compañeros en París para entrenar y compartir fuera de la cancha. Para Wembanyama, regresar a Francia acompañado por sus compañeros tuvo un significado especial.

Después llevó su preparación por un camino poco convencional.

El pívot de 2,24 metros trabajó con Provence Rugby, en Aix-en-Provence, buscando fortalecer las piernas, mejorar el equilibrio y acostumbrar su cuerpo al contacto. Una experiencia diferente, pero coherente con un jugador que anteriormente había pasado dos semanas entrenándose en un templo Shaolin en China.

“El entrenamiento fue muy duro”, reconoció. “Fue muy bueno para aprender nuevos patrones de movimiento y desarrollar fuerza”.

Detrás de todo ese trabajo permanece el recuerdo de las Finales.

Wembanyama promedió 26 puntos, 11,2 rebotes y 3,6 bloqueos frente a New York, pero San Antonio dejó escapar ventajas de dos dígitos en sus derrotas. La más dolorosa llegó en el cuarto partido: los Knicks remontaron una diferencia de 29 puntos para imponerse 107-106.

El episodio inevitablemente evocó otro golpe histórico para la franquicia: las Finales de 2013 frente a Miami. Aquellos Spurs utilizaron esa herida como combustible y regresaron un año después para conquistar el campeonato.

Nadie sabe todavía si esta generación podrá escribir una historia semejante.

Wembanyama, por ahora, no pretende olvidar.

Quiere recordar.

Porque después de haber llegado hasta las Finales y conocer de cerca cuánto duele perderlas, encontró una razón adicional para regresar.

“No podría imaginar una mejor motivación”, sentenció.

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