Por Niki Norris
DD+ia/Sepang
Lewis Hamilton, el siete veces campeón mundial de la Fórmula 1, asumió la responsabilidad de una estrategia equivocada en Singapur. Terminó sexto, sufrió un malestar físico y no pudo atender a la prensa.
Hay carreras que se pierden por una avería, otras por un accidente y algunas por una decisión tomada en apenas unos segundos. Lewis Hamilton descubrió en Singapur que también los campeones más grandes pueden equivocarse cuando intentan desafiar al destino.
El británico había encontrado una oportunidad para llevar a Ferrari hasta el podio. En medio del calor sofocante y la humedad que convierten las calles de Marina Bay en una prueba de resistencia, llegó a ocupar la segunda posición.
Pero una apuesta estratégica terminó cambiándolo todo.
Durante la neutralización virtual provocada por el abandono de Lance Stroll, Hamilton decidió permanecer en pista cuando existía la posibilidad de entrar a boxes y renovar sus neumáticos.
Fue una decisión costosa.
Con las llantas cada vez más desgastadas, su Ferrari comenzó a perder rendimiento. Primero lo superó su compañero Charles Leclerc. Después llegaron Kimi Antonelli, Lando Norris y Oscar Piastri.
El segundo puesto se convirtió en un sexto lugar.
Y entonces apareció una imagen que resumió la dureza de la jornada: Hamilton arrodillado después de la carrera, mientras esperaba el pesaje obligatorio.
El siete veces campeón se encontraba indispuesto. Fue examinado por el personal médico de la FIA y recibió autorización para ausentarse de sus compromisos con la prensa.
Sin embargo, antes había encontrado fuerzas para dirigirse a su equipo.
“Lo siento, chicos, hoy les fallé con esa estrategia”, reconoció por radio.
No culpó a los ingenieros. Tampoco buscó refugio en las circunstancias.
Asumió personalmente una decisión que Ferrari consideró determinante para perder puntos y un posible podio.
Fred Vasseur lamentó que Hamilton no hubiera ingresado a boxes cuando el equipo lo llamó. Leclerc, entretanto, terminó segundo y consiguió su mejor resultado desde julio.
La frustración fue evidente, pero Hamilton prometió regresar más fuerte en Austin.
Porque detrás de los siete títulos mundiales existe también un hombre capaz de equivocarse, sufrir y reconocerlo públicamente.
En Singapur, Hamilton perdió posiciones, puntos y un podio. Pero conservó algo que ningún cronómetro puede medir: la grandeza de saber pedir perdón.
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