Año No. 17
Edición No. 4.712

DIRECTOR Hugo Illera
EDITOR GENERAL Fabián Buendía
EDITOR DIGITAL Lizeth Torres

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Ciclismo

Se correrá la Milán – Sanremo

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AFP | Milán
¿En el Poggio o en la Cipressa? El ataque esperado en las últimas subidas del recorrido de Tadej Pogacar, el nuevo ‘caníbal’ del pelotón, reinventa el mito de la Milán-Sanremo, la “classicissima”, que se decidirá el sábado tanto en las subidas como en las bajadas.

“Pasar al ataque a partir de la Cipressa, puede ser una opción”, avisó Pogacar, preguntado luego de su victoria el domingo en la Tirreno-Adriático. El joven esloveno de 23 años se divierte mostrando sus cartas y metiendo presión a sus adversarios.

Pogacar puede atacar en cualquier momento, en subida gracias a su ritmo devastador, pero también en bajada. “Varios escenarios son posibles”, confirmó el jueves.

En la Cipressa, con 4,1% de pendiente hasta la cima, a 22 kilómetros de la meta, o en el Poggio, a lo largo de tan solo 3.700 metros a 3,7% de pendiente pero más cerca de la meta, a 5,7 kilómetros, la fuerza y el empuje predominan. En las bajadas, priman la técnica y la lucidez.

“Después de 280 kilómetros, el corredor que esta cansado en lo alto del Poggio no tiene los mismos reflejos para bajar sobre Sanremo. Es más importante que la subida”, estima Eddy Merckx, siete veces campeón sobre la Vía Roma entre 1966 y 1976, cuando la Cipressa, que se añadió en 1982, todavía no formaba parte del recorrido.

El propósito, detallado por Laurent Galinon en su reciente libo “Classiques” (editorial Hugo Sport), era devolver la importancia del Poggio, ruta en serpentina entre los invernaderos que cambia de amo un día por año, para convertirse en la colina sagrada del ciclismo. En la televisión, el espectáculo se mantiene intacto.

– “Un poco tontos por los kilómetros” –

¿Está ya el guión escrito? Nada es seguro. En el siglo XXI los corredores que atacan (Kwiatkowski, Nibali, Alaphilippe, van Aert, Stuyven) han superado a los velocistas (Zabel, Cipollini, Petacchi, Freire, Cavendish, Kristoff, Degenkolb, Démare), a menudo victoriosos en la Vía Roma. Pero la historia de la “classicissima” es testigo de una sucesión de ciclos favorables, tantos a unos como a los otros.

Verdad inamovible, la fatiga se siente después de unos 280 kilómetros y la tensión crece sobre la larga ruta al borde del mar para evitar el choque o el accidente. “Nos volvemos más tontos por los kilómetros, no tenemos los mismos reflejos”, dijo en su momento Laurent Jalabert.

Hábil, propenso a los golpes de audacia por su temperamento, que le podrían incitar a hacer una primera selección en la bajada en pendiente (6,9%) rápida y tortuosa de la Cipressa, Pogacar tiene como hándicap una experiencia limitada a su única participación, en agosto de 2020, en plena reanudación tras el parón por el inicio de la pandemia del covid.

El futuro doble campeón del Tour de Francia llegaría en aquella ocasión a la meta en el seno del premier pelotón (12º), solamente precedido por el dúo van Aert/Alaphilippe, que habían tomado ventaja en el Poggio.

Es en ese punto que la carrera ha tomado otro camino estos últimos años, después del pasaje delante del santuario de la Guardia. En ese lugar, la pendiente es la más pronunciada, a 1500 metros de la cabina telefónica que marca el final del ascenso y el inicio de la inmersión hacia la ciudad de las flores. Queda tan solo una bajada con seis horquillas y 2200 metros lisos y rectos, salvo una “s” luego del pasaje bajo la llama roja, para llegar a la meta.

Como gran rival teóricamente de Pogacar el sábado destaca el belga Wout Van Aert.

De la lista de participantes se han ido cayendo varios nombres destacados en los últimos días.

Este viernes fue declarado baja por problemas intestinales el australiano Caleb Ewan, dos veces segundo de la Milán-San Remo.

Se une así a las ausencias de última hora por motivos de salud del francés Julian Alaphilippe (ganador en 2019), el belga Jasper Stuyven (ganador en 2021) o el alemán John Degenkolb (ganador en 2015), entre otros.

El propio Pogacar explicó este viernes que en los últimos días ha tenido un resfriado y que incluso seguía con “la nariz taponada” pero que estaba “preparado para correr”.