Por Eleonor Smith
DD+ia/Dallas
Un gol de campo de Tate Sandell, desde 47 yardas y con el reloj agotado, selló la victoria 27-24 de los Sooners sobre los Longhorns en un Red River Rivalry cargado de emociones.
Hay derrotas que duelen durante una temporada entera y victorias que se recuerdan toda la vida. En el Cotton Bowl de Dallas, Oklahoma escribió una de esas historias que convierten al fútbol americano universitario en una pasión difícil de explicar.
Los Sooners derrotaron 27-24 a Texas, señalado como el número uno de la nación, gracias a una patada de Tate Sandell cuando ya no quedaba tiempo para respirar.
Fue un clásico de nervios, orgullo y corazones acelerados.
Texas comenzó imponiendo condiciones. Arch Manning encontró a Cam Coleman con un pase de 41 yardas para el primer touchdown y dejó claro que los Longhorns pretendían justificar su condición de favoritos.
Pero Oklahoma no estaba dispuesto a rendirse.
Una jugada de equipos especiales cambió el ambiente. Dasan McCullough bloqueó un despeje y Dakoda Fields recuperó el balón en la zona de anotación para igualar el marcador.
El entusiasmo de los Sooners encontró una respuesta inmediata.
Manning conectó con Ryan Wingo en una acción de 34 yardas y Gianni Spetic añadió un gol de campo de 23. Texas se marchó al descanso con ventaja de 17-7.
Parecía tener el partido bajo control.
Sin embargo, Oklahoma regresó del vestuario con otra actitud. Sandell convirtió un gol de campo de 53 yardas y la defensa comenzó a incomodar seriamente a Manning.
Después llegó un touchdown terrestre de Lloyd Avant, mediante un acarreo de dos yardas, que devolvió la esperanza a los seguidores de los Sooners.
El último cuarto fue una batalla emocional.
La defensa de Oklahoma consiguió dos intercepciones decisivas sobre Manning, mientras John Mateer asumía la responsabilidad de conducir la ofensiva en los momentos de mayor presión.
Y entonces apareció Sandell.
Con el estadio pendiente de su pierna, el pateador ejecutó un intento de 47 yardas que atravesó los postes y desató una celebración inolvidable.
Texas cayó de manera dolorosa. Oklahoma encontró la gloria cuando parecía que el tiempo se había terminado.
Porque los clásicos no siempre los gana el favorito. A veces los decide un muchacho que tiene todo el peso de una rivalidad sobre una sola patada.

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