Y ahí está Antonio Cervantes, Kid Pambelé, corriendo como loco de un lado para otro. Acaba de noquear al panameño Alfonso Peppermint Frazer y es el nuevo campeón mundial de las 140 libras. El Gimnasio Nuevo Panamá está en silencio, de luto, y sólo la algarabía de los narradores y periodistas colombianos en ring side nos recuerda el drama del triunfo y la derrota.
Peppermint y el General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno, lloran. El ahora excampeón lo hace en silencio saliendo del nocaut en su esquina. El General lo hace a nombre de su pueblo en el Fuerte Cimarrón donde esperó eternamente a su campeón para brindar con Ron Bacardí y almejas del Pacifico.
Pambelé para de correr y Tabaquito Sáenz, su entrenador venezolano, lo levanta en hombros y luego le seca la cara con una vieja toalla que ya perdió su color y Ramiro Machado, su manejador, lo abraza como para siempre.
Melanio Porto, periodista colombiano, recuerda, a grito en cuello, que Pambelé es el primer campeón mundial de boxeo de su país y requiere, del presidente Pastrana que, este 28 de octubre, sea considerado día patrio como justo homenaje del gobierno hacia el olvidado pueblo de la Costa Atlántica.
A través de los audífonos, de los locutores paisanos de Pambelé, se logran escuchar tres himnos de Colombia al mismo tiempo. La Guardia panameña trata de desalojar el ring y Efraín Cesar Herrera, seguidor del nuevo campeón, forcejea para no ser atropellado.
Pambelé recibe, por fin, el cinturón de campeón en medio del silencio sepulcral de los pocos panameños que aún quedan y del semblante triunfal de los hombres del micrófono que, gritando y más gritando, le están informando a Colombia ¡en vivo y en directo! la historia más reciente de su deporte.
Colombia entera llora de emoción. Yo también lloro. Veo a Pambelé correr otra vez y gritar que es el champión del mundo, lo veo levantar sus brazos, correr de esquina a esquina, lo veo abrazarse con todos, lo veo gritando en los micrófonos y escucho también los gritos descontrolados de quienes lo vitorean.
Ahí está Pambelé, lo observo desde el balcón del manicomio de su adoptiva Cartagena, está tan feliz y exaltado como hace veinticinco años.
Para él aún es el 28 de octubre de 1972 y para mí es exactamente el 28 de octubre de 1997. Las drogas lo dejaron encerrado para siempre en aquel día.
Bye Pambe, por ti siempre volveremos a acompañarte, año tras año, al día más largo de tu vida…
PD
Gracias al buen Dios, Antonio Cervantes pudo salir de su adicción a las drogas. Un día cualquiera le dio un nocaut fulminante, se fue a vivir con su esposa Carlina Soto a su finca de Turbaco, el único de sus bienes que conservó, y volvió a ser la persona y EL campeón maravilloso que siempre fue. Pambe, también noqueó a las drogas.
Santa Marta
Diciembre 22, 1997
Santa Cruz de la Bahía
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