Por Pedro Moreno
DD+ia/Riad
“Canelo” Álvarez derrotó por decisión unánime Christian Mbilli, camerunés nacionalizado francés. y volvió a conquistar el título Supermediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). La inteligencia y la precisión marcaron la diferencia.
Saúl “Canelo” Álvarez demostró que los años pueden restarle velocidad a un boxeador, pero también entregarle la experiencia necesaria para resolver los combates más exigentes. El mexicano derrotó por decisión unánime a Christian Mbilli y recuperó el campeonato mundial supermediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Los jueces entregaron tarjetas de 115-112, 116-111 y 117-110, todas favorables al peleador de Guadalajara, quien volvió a colocarse el cinturón que había perdido frente al estadounidense Terence Crawford el año anterior.
La pelea tuvo dos propuestas claramente diferenciadas. Mbilli apostó por la velocidad, la presión constante y el volumen de golpes. Canelo, en cambio, utilizó su experiencia para administrar las energías, cerrar los espacios y conectar los impactos más efectivos.
Desde el primer asalto, el camerunés que representa a Francia salió decidido a cumplir sus declaraciones previas. Había calificado al mexicano como un boxeador viejo y prometido imponer sus condiciones sobre el cuadrilátero.
Sin embargo, una cosa fue lanzar golpes y otra muy distinta conseguir que encontraran el objetivo.
Álvarez mantuvo una guardia sólida, estudió los movimientos de su adversario y evitó involucrarse en intercambios prolongados que favorecieran la mayor actividad física de Mbilli.
En varios pasajes aceptó retroceder hacia las cuerdas, pero lo hizo con inteligencia, obligando al rival a trabajar sin conseguir resultados proporcionales a su esfuerzo.
El mexicano encontró sus mejores oportunidades mediante golpes precisos. En el quinto asalto conectó un gancho al hígado que provocó la reacción de los aficionados. Dos episodios después apareció un uppercut que confirmó su capacidad para castigar cuando encontraba espacios.
Mbilli nunca dejó de avanzar. Su insistencia mantuvo la intensidad del enfrentamiento, aunque sus ataques carecieron de la contundencia necesaria para modificar el rumbo de las tarjetas.
Canelo tampoco exhibió la explosividad de sus mejores años. Sus desplazamientos fueron más pausados y eligió cuidadosamente cuándo atacar. Pero esa aparente lentitud quedó compensada por su lectura del combate.
Con el transcurso de los asaltos, el mexicano fue consolidando una ventaja que obligaba a Mbilli a buscar una acción decisiva. El golpe capaz de cambiar la historia nunca llegó.
Cuando sonó la campana definitiva, Álvarez había cumplido su objetivo: recuperar el cinturón sin entrar en una guerra innecesaria.
Las tarjetas de los jueces marcaron victoria por decisión unánime 115-112, 116-111 y 117-110.
La victoria representó una reivindicación deportiva para el excampeón indiscutido, cuestionado después de su derrota ante Crawford.
A Mbilli le quedó una enseñanza importante: la agresividad y la juventud no siempre alcanzan frente a un adversario experimentado.
Canelo volvió a ser campeón mundial. Esta vez no ganó por ser el más rápido ni el más fuerte, sino por saber boxear mejor.
Temas relacionados
Boxeo
© DD+ia
© Foto DAZN + Artist ia





