Por GIULIANO CONVERTI
DD + IA | Buenos Aires
El planeta fútbol se detiene. Boca Juniors y River Plate vuelven a verse las caras en una nueva edición del Superclásico, con la máxima tensión acumulada tras una semana de declaraciones cruzadas, la polémica suspensión de la rueda de prensa oficial de capitanes, y un reclamo explícito de la directiva “millonaria” sobre la transparencia en los arbitrajes.
El equipo dirigido por el “Vasco” Rodolfo Arruabarrena llega con el viento a favor tras un triunfo agónico (1-0) ante Independiente. El “Xeneize” busca una hazaña histórica: ganar tres Superclásicos consecutivos por primera vez desde 1991, consolidar su liderato en la tabla anual (57 puntos) y dejar herido a su eterno rival en su lucha de playoffs. Con Leandro Paredes comandando el mediocampo, la localía azul y oro se perfila con una sólida estructura que apenas registra caídas en la temporada.
Del otro lado, el River del interino Leonardo Ponzio asiste al templo xeneize con la obligación de sumar para asegurar su boleto a la fase definitoria del torneo y aferrarse a los puestos de Copa Libertadores. Pese a una notable mejoría con cuatro triunfos en sus últimas presentaciones, el club de Núñez ha puesto el foco en la actuación del juez Nicolás Ramírez. Stéfano Di Carlo, mandatario de River, remarcó públicamente la exigencia de transparencia hacia las autoridades de la AFA en la previa de este trascendental choque.
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