Por ÓSCAR TOBÓN
Desde aquel Mundial realizado en Italia en el ya lejano año de 1990, cuando observe por primera vez a través de la televisión a aquellos once hombres enfundados en una casaca albiceleste, y que en esa oportunidad aunque perdieron aquel encuentro definitivo ante Alemania de forma injusta a mi parecer. Pero, dejando el sabor que los hombres de la camiseta albiceleste lo habían dejado todo en aquel campo romano.
Desde entonces y con el transcurrir del tiempo cada vez que la selección Argentina de fútbol salta a un terreno de juego, para disputar un partido ya sea de carácter amistoso u oficial me ronda la misma inquietud, ¿Qué tiene esa casaca albiceleste? Y se vienen a mi cabeza tantas respuestas para resolver ese interrogante, pero de ese cúmulo de respuestas hay una que trasciende a lo netamente futbolístico, que lógicamente es un componente muy importante en el ADN de los diferentes seleccionados argentinos en distintas épocas.
Volviendo al tema ese algo que va más allá de la táctica y la estrategia es el carácter y espíritu de lucha que parece invade a los futbolistas de aquel país cuando pisan un terreno de juego, portando esa gloriosa camiseta de rayas azules y blancas la cual pareciera les inyecta ese carácter y ese espíritu de lucha, que los lleva a dar ese esfuerzo extra que tanto admira el mundo del fútbol.
Y como prueba de lo que he manifestado en estas líneas vienen a mi memoria el reciente enfrentamiento contra su similar de Egipto por los octavos de final del Mundial, que se disputa actualmente donde tuvieron que remontar un 2 a 0 en contra y en la ronda semifinal del mismo evento donde superaron a los ingleses después de ir 0 a 1 abajo.
Por eso solo espero que este domingo la magia que pareciera tiene impregnada esa casaca albiceleste, lleve a los once futbolistas que entren al campo de juego neoyorquino a conseguir la tan anhelada y merecida cuarta estrella para su escudo y continúen dándonos alegría a todos aquellos que admiramos y queremos su fútbol y esa forma de jugar tan suya y que tanto enamora.




