Por John Carson
DD+ia/Nueva York
El baloncesto estadounidense está de luto. Michael Sweetney, exjugador de los Knicks de Nueva York y los Bulls de Chicago, falleció a los 43 años, dejando el recuerdo de una carrera que, con el paso del tiempo, terminó adquiriendo un significado mucho mayor que sus números dentro de una cancha.
Sweetney llegó a la NBA rodeado de grandes expectativas. Después de sobresalir en Georgetown, fue seleccionado por los Knicks con la novena elección del Draft de 2003, una generación extraordinaria encabezada por nombres como LeBron James, Carmelo Anthony, Chris Bosh y Dwyane Wade.
El pívot disputó cuatro temporadas en la NBA, primero con Nueva York y posteriormente con Chicago. Más adelante continuó vinculado al baloncesto fuera de Estados Unidos, prolongando una trayectoria profesional que había comenzado con el sueño de establecerse entre los mejores.
Sin embargo, hubo otra batalla mucho más profunda en su vida.
Sweetney habló públicamente sobre sus problemas de salud mental, sus episodios de depresión y las dificultades personales que enfrentó durante y después de su paso por la NBA. En lugar de esconder aquella etapa, decidió convertir su experiencia en una herramienta para ayudar a otros.
Tras retirarse, se transformó en un defensor de la conversación abierta sobre la salud mental en el deporte, compartiendo su historia y buscando que atletas que atravesaban situaciones similares entendieran la importancia de pedir ayuda.
Por eso su legado no queda limitado al jugador que fue elegido entre los primeros diez nombres de uno de los drafts más recordados de la historia.
Michael Sweetney también será recordado por haberse atrevido a hablar cuando muchas veces el deporte prefiere guardar silencio.
Tenía apenas 43 años. Paz en su tumba…
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