El Mundial de MotoGP vivió este domingo una de sus jornadas más grises y complejas de la temporada. Las adversas condiciones meteorológicas que azotaron el circuito de Phillip Island obligaron a la organización a cancelar definitivamente todas las carreras programadas para el Gran Premio de Australia, dejando un amargo sabor de boca en lo que pretendía ser la última gran función de este trazado histórico en el campeonato.
El factor crítico que desencadenó la suspensión total fue la falta de visibilidad en la zona, una condición extrema que impidió el despegue y operación del helicóptero médico de emergencia. Al tratarse de un requisito indispensable para garantizar la integridad de los competidores en caso de un accidente grave, la dirección de carrera, de mutuo acuerdo con los equipos y la Federación Internacional de Motociclismo (FIM), determinó que no existían las garantías mínimas de seguridad para salir a la pista.
La tormenta y las bajas temperaturas afectaron por igual a las tres categorías del mundial (Moto3, Moto2 y MotoGP). Ante la imposibilidad de competir y como muestra de respeto a los aficionados que soportaron el temporal en las gradas, los pilotos salieron a la pista para completar una emotiva vuelta de honor detrás del coche de seguridad. El gesto sirvió además como una improvisada despedida de Phillip Island, circuito que abandonará el calendario oficial de MotoGP a partir del próximo año.
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