Por Willy Dayson
DD+ia/Baltimore
La MLB se aproxima a una posible confrontación laboral después de la temporada 2026. Mientras los propietarios reclaman un tope salarial, el dueño de Baltimore reconoce que invertir en equipos de Grandes Ligas puede resultar extraordinariamente rentable.
David Rubenstein, propietario de los Orioles de Baltimore, encendió una controversia en las Grandes Ligas al reconocer públicamente que varios de sus amigos han ganado más dinero invirtiendo en equipos deportivos que él en el negocio del capital privado.
Sus declaraciones, realizadas durante una reunión del Club Económico de Washington, llegan en un momento particularmente delicado: la MLB se encamina hacia unas negociaciones laborales que podrían desembocar en un cierre patronal al finalizar la temporada 2026.
Y ahí comienza el verdadero problema.
Porque mientras los propietarios preparan argumentos sobre los costos de funcionamiento de sus franquicias, uno de ellos acaba de reconocer que el béisbol también puede ser un negocio extraordinariamente lucrativo.
“Muchos de mis amigos compraban equipos y me di cuenta de que ganaban dinero. Ganaban más dinero del que yo gano en el capital privado”, manifestó Rubenstein.
El empresario adquirió en 2024 una participación mayoritaria en los Orioles, mediante una operación que valoró la franquicia en 1.725 millones de dólares.
Su fortuna personal, estimada en más de 4.000 millones de dólares, procede principalmente de sus actividades financieras y de la firma The Carlyle Group, que ayudó a fundar.
Sin embargo, Rubenstein aseguró que terminó comprando Baltimore con un propósito filantrópico.
La afirmación contrasta con una de sus principales posiciones dentro del béisbol: su respaldo al establecimiento de un tope salarial.
Los propietarios que defienden esa medida sostienen que ayudaría a equilibrar la competencia entre franquicias de mercados pequeños y organizaciones con mayor capacidad económica, como Dodgers, Yankees y Mets.
Pero los jugadores y su sindicato podrían interpretar las palabras del empresario como una contradicción.
Si las franquicias representan inversiones tan rentables, ¿hasta qué punto resulta indispensable limitar el gasto en salarios?
La pregunta amenaza con convertirse en uno de los asuntos centrales de las negociaciones.
Rubenstein también reconoció que administrar un equipo resulta mucho más complicado de lo que imaginaba.
“A los dueños les importa más ganar que ganar dinero”, aseguró.
Y agregó que conquistar un campeonato produce una satisfacción difícil de comparar con cualquier beneficio económico.
En Baltimore, precisamente, los resultados deportivos han quedado por debajo de las expectativas.
Cuando Rubenstein llegó, los Orioles venían de una temporada de 101 victorias. En 2024 consiguieron 91 triunfos, pero fueron eliminados mediante una barrida en la Serie del Comodín.
Tampoco lograron terminar con balance positivo en 2025 ni en 2026. Ahora enfrentan una etapa decisiva para recuperar su competitividad. Pero el desafío podría extenderse mucho más allá de Baltimore.
Un cierre patronal afectaría las operaciones de las franquicias y pondría en suspenso parte de la actividad habitual de Grandes Ligas, dependiendo de su duración.
La disputa todavía no está decidida. Un acuerdo entre propietarios y jugadores podría evitar la paralización.
Lo que sí parece inevitable es una negociación difícil, atravesada por intereses económicos, diferencias deportivas y una enorme desconfianza.
Porque cuando los dueños discuten cómo repartir el dinero y los peloteros defienden sus derechos, el béisbol corre el riesgo de quedarse sin lo único que verdaderamente lo sostiene: el juego.
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