Por Yoshi Nakamura
DD+ia/Detroit
Hay carreras que necesitan tiempo para determinar su verdadera dimensión. La de Justin Verlander no. Cuando el derecho abandone definitivamente el montículo, quedarán números suficientes para explicar que el béisbol acaba de despedir a uno de los grandes lanzadores de su historia.
Verlander debutó en las Grandes Ligas el 4 de julio de 2005, cuando tenía 22 años. Más de dos décadas después, a los 43, llegó al final de un recorrido extraordinario construido sobre talento, potencia, longevidad y una competitividad que sobrevivió al paso de los años.
Su hoja de vida parece diseñada para el Hall de la Fama de Cooperstown.
Dos títulos de Serie Mundial, tres premios Cy Young, un JMV y un premio al Novato del Año forman parte de una colección que encuentra todavía mayor respaldo en sus estadísticas.
Verlander acumulaba 3.554 ponches en 3.571.1 entradas antes de su última presentación, cifra que lo situaba octavo en la historia de las Grandes Ligas. Apenas siete lanzadores, desde que comenzó a escribirse oficialmente la historia de MLB en 1876, habían retirado a más bateadores por la vía de los strikes.
La durabilidad también explica su grandeza.
Toda su carrera de temporada regular estuvo dedicada a abrir partidos. Llegó a su presentación número 557 como abridor, segunda mayor cantidad para un pitcher que trabajó exclusivamente iniciando encuentros, únicamente detrás de las 682 aperturas de Tom Glavine.
Y cuando se trató de dominar, lo hizo como pocos.
Verlander registró nueve temporadas con al menos 200 ponches y en 2019 alcanzó los 300. Ese mismo año terminó con 0.80 de WHIP, segundo registro más bajo para una temporada completa en la Era de la Pelota Viva, solamente detrás del extraordinario 0.74 de Pedro Martínez en 2000.
Pero quizá ninguna temporada retrate mejor su capacidad para desafiar el calendario que la de 2022.
Con 39 años, lanzó 175 entradas, dejó 1.75 de efectividad y conquistó su tercer Cy Young. Ningún pitcher de mayor edad había registrado efectividad inferior a 1.80 trabajando al menos 100 episodios.
También hubo fuego.
Entre 2008 y 2011 realizó 225 lanzamientos de 100 millas por hora o más, incluyendo postemporada. En aquellos años, cuando semejante velocidad todavía no era habitual entre abridores, Verlander estaba prácticamente solo.
Los premios cuentan una parte. Los ponches, otra. Las rectas de 100 millas, las victorias y las noches de octubre completan algunas páginas.
Pero la historia de Justin Verlander termina explicándose de manera mucho más sencilla: durante más de 20 años tomó la pelota, caminó hacia el montículo y perteneció a la élite.
Ahora se marcha.
Y comienza la espera para Cooperstown.
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