Por Víctor Zaragoza
DD+ia/Los Ángeles
El promotor Óscar de la Hoya cuestionó que se mantenga la cartelera del 31 de octubre en Riad, Arabia Saudita, ante los reportes de incidentes de seguridad. Los organizadores sostienen que el combate entre Saúl Álvarez y Christian Mbilli sigue programado sin alteraciones.
Hay noches en las que el boxeo deja de ser una cuestión de golpes, cinturones y millones de dólares. Noches en las que la preocupación más grande no está dentro del cuadrilátero, sino fuera de él.
Eso es precisamente lo que plantea Óscar de la Hoya.
El excampeón mundial y actual promotor pidió cancelar la cartelera denominada México contra el mundo, prevista para el 31 de octubre en Riad, Arabia Saudita, cuyo combate principal enfrentaría a Saúl Canelo Álvarez y Christian Mbilli.
Su preocupación nace de los reportes sobre incidentes de seguridad en la región, incluidos presuntos ataques con misiles y drones.
Para De la Hoya, ninguna pelea merece celebrarse si existen riesgos importantes para quienes deben hacerla posible.
A través de su programa Clapback, difundido en redes sociales, el empresario cuestionó la decisión de mantener el espectáculo y criticó lo que considera una prioridad excesiva de los intereses comerciales.
Pero su reflexión fue más allá de los protagonistas. Mientras las grandes estrellas del boxeo cuentan con recursos para desplazarse en aeronaves privadas y disponer de equipos de seguridad, muchas otras personas dependen de condiciones completamente diferentes.
Allí están los entrenadores, asistentes, trabajadores de producción, periodistas y aficionados. Personas cuyos nombres no aparecen en los carteles, pero sin las cuales ninguna velada podría realizarse. De la Hoya sostiene que también merecen protección.
Los organizadores, por su parte, mantienen la programación anunciada, pese a los cuestionamientos públicos.
El enfrentamiento entre Canelo y Mbilli despierta enorme expectativa deportiva. Para el mexicano representa una oportunidad de responder a las críticas sobre su rendimiento. Para su rival, la posibilidad de alcanzar una victoria capaz de transformar su carrera.
Sin embargo, el debate ya no gira exclusivamente alrededor del resultado. También existen versiones sobre posibles cambios de sede y antecedentes de aplazamientos, aunque la información disponible no permite establecer modificaciones definitivas.
En medio de esa incertidumbre, la posición de De la Hoya introduce una dimensión profundamente humana.
Porque detrás de cada espectáculo multitudinario hay familias esperando que sus seres queridos regresen a casa.
El boxeo puede aplazarse. Una cartelera puede trasladarse. Los negocios pueden esperar.
Lo que nunca debería ponerse en juego es la vida de quienes hacen posible el espectáculo.
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