Por José Antonio La Fuente
DD+ia/Oviedo
El Teatro Campoamor de Oviedo no suele temblar por un futbolista. Hoy sí. Lionel Andrés Messi Cuccittini, el rosarino de 39 años que ha convertido lo extraordinario en rutina durante dos décadas, recibió esta tarde el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 de manos de la princesa Leonor. Lo hizo en solitario.
Por primera vez en la historia del galardón —creado en 1987— un futbolista entra en el palmarés a título individual. Brasil lo ganó como selección en 2002, España en 2010, y Casillas y Xavi lo compartieron en 2012. Messi llega solo, y con él entra el fútbol de otra manera.
Vestido de traje oscuro, con el broche que la propia Leonor le había entregado por la mañana en el Hotel de la Reconquista, el 10 salió del coche aclamado. Oviedo se había echado a la calle desde el día anterior. Miles de personas esperaron en el hotel, firmó autógrafos saltándose parte del protocolo, y el cariño —ese que dice que “hacía mucho tiempo que no venía por España”— se notó en cada esquina. A su lado, como siempre, Antonela Roccuzzo.
El jurado, presidido por Teresa Perales, no se quedó en los ocho Balones de Oro, las cuatro Champions ni los casi 50 títulos. Destacó “su deslumbrante talento, su excepcional trayectoria deportiva y su formidable y continuada labor solidaria” para promover el acceso a la educación y la salud de los niños más desfavorecidos. Embajador de UNICEF desde 2010 y a través de su fundación, Messi ha construido un legado que va más allá de la cancha. El propio jugador lo había dicho días antes: el premio “va más allá de lo que hace uno dentro de la cancha”.
La víspera, en el Palacio de los Deportes, frente a unos 6.000 escolares en el acto “El juego del 10”, Messi sí habló. Se reencontró con Santi Cazorla y les dijo a los niños lo que el deporte le ha enseñado: disfrutar del proceso, no solo del resultado; aprender de la derrota (“se pierde mucho más de lo que se gana”); saber ganar y saber perder; y que la presión excesiva de algunos padres puede hacer más daño que bien. “Si yo fuera al patio de un colegio, aprendería más de ellos que ellos de mí”, dejó caer. También recordó a su padre, Jorge, fallecido en agosto. “Estaba muy ilusionado con este premio. Seguramente lo estará disfrutando también”.
En el Campoamor, Leonor lo elogió en su discurso por una “trayectoria irrepetible”, citando que “convirtió lo extraordinario en rutina”. Messi no pronunció discurso formal —se sabía de antemano—, pero su presencia bastó. El hombre que llegó a Barcelona con un informe que decía “creo que no se debería fichar”, que firmó su contrato en una servilleta y que ha levantado el Mundo con Argentina, volvía a España no como jugador del Barça, sino como leyenda reconocida por lo que ha sido y por lo que ha dado fuera del campo.
El premio incluye la escultura de Joan Miró, diploma, insignia y 50.000 euros. El fútbol, por una vez, no se midió solo en goles. Se midió en constancia, humildad y en el eco que deja en quienes todavía están aprendiendo a jugar.
En Oviedo, esta tarde, Messi no solo recibió un premio. Cerró un círculo.
Leo Messi, Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026. #PremiosPrincesadeAsturias pic.twitter.com/nsL2sctvqR
— Fundación Princesa de Asturias (@fpa) October 23, 2026
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