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Bud Selig, el hombre que le torció el pescuezo al destino de los Cerveceros de Milwaukee

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Bud Selig, el hombre que le torció el pescuezo al destino de los Cerveceros de Milwaukee

Por Tony Rasmussen  
DD+ia/Milwaukee

A los tres años, Bud Selig ya iba de la mano de su madre a Borchert Field, donde jugaban los viejos Cerveceros de las ligas menores. Aquel niño de Milwaukee terminaría empujando la historia del béisbol con las dos manos. Esta semana, a los 92 años, volvió a un estadio con una pelota en la mano y con esa misma ilusión intacta.

Su historia con los Cerveceros empieza en 1970. Los Pilotos de Seattle habían caído en bancarrota y Selig los compró en el tribunal para mudarlos a su ciudad. Así nació el club tal como hoy lo conoce Wisconsin. Después fue comisionado de las Grandes Ligas, de 1998 a 2015, y su apellido terminó cargando con mucho más que un equipo. Pero nunca dejó de ser, en el fondo, el dueño de un sueño pequeño y concreto: que Milwaukee tuviera béisbol de verdad, de ese que se juega en octubre.

Octubre llegó tarde. Los Cerveceros solo habían pisado una Serie Mundial, en 1982, y la perdieron en siete juegos ante los Cardenales. Desde entonces, cuarenta y cuatro años de esperas. Cuando los Cerveceros barrieron a los Dodgers en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, con ese 6-4 final que selló el pase, Selig estaba en casa, mirando por televisión, intentando entender lo que acababa de ocurrir. Se declaró asombrado. Y pensó en un amigo que ya no estaba para verlo: Bob Uecker, la voz eterna de la franquicia, fallecido en enero de 2025.

Uecker se fue sin ver al equipo que narró durante décadas regresar a la Serie Mundial. Y Selig, que lo vio todo desde la primera fila de los años buenos y de los malos, tuvo que aceptar que la fiesta empezaba con una silla vacía.

El viernes, sin embargo, el viejo comisionado lanzó la primera bola ceremonial del Juego 1, junto a Robin Yount. Los Cerveceros ganaron aquella noche por 3-2 a los Rays, y el estadio entendió que en esa tarde había algo más que un partido. Había una vida entera acumulada en un solo gesto: la de un hombre que compró un equipo en ruinas, lo protegió durante décadas y su familia terminó vendiéndolo en 2004 a Mark Attanasio, por unos 223 millones de dólares.

El club es hoy uno de los cinco de las Grandes Ligas que nunca ha ganado una Serie Mundial. Esta temporada tuvo el mejor récord del béisbol, 103 victorias y 59 derrotas, y se tomó la revancha contra los Dodgers, que lo habían barrido un año antes.

Si el trofeo llega algún día a Milwaukee, tendrá un dueño moral que lo espera desde hace más de medio siglo. Aunque el título aún no esté en la vitrina, ya hay una pequeña victoria en ese anciano parado en el montículo, con la pelota en la mano y la ciudad entera de testigo. Lo que empezó en Borchert Field cuando era un niño sigue vivo. Y ahora, por fin, juega en octubre.

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© Foto MLB + Artist ia

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