Por Tony Rasmussen
DD+ia/Milwaukee
Hay lanzamientos que no se miden en millas por hora. Este sábado, en el American Family Field, Paul Molitor caminó hacia el montículo antes del Juego 2 de la Serie Mundial entre los Rays y los Cerveceros, y el estadio entero pareció devolverle algo que el béisbol guarda con paciencia: la memoria.
No fue casualidad ni protocolo. Un día antes, antes del Juego 1, había sido Robin Yount quien se encargó del lanzamiento de honor. Ahora le tocó al otro. La pareja que durante tantos años formó el lado derecho del cuadro de los Cerveceros volvía a repartirse la ceremonia, uno cada noche, como si el club quisiera decirle a su gente que esta Serie Mundial también les pertenece a ellos. Dos miembros del Salón de la Fama, dos nombres que la afición de los Cerveceros pronuncia de corrido.
Porque en 1982, la única vez que los Cerveceros habían llegado al Clásico de Otoño antes de este 2026, Molitor jugaba la tercera base y Yount el campocorto. Aquel equipo ganó la División Este de la Liga Americana, a la que entonces pertenecía, derrotó a los Angelinos en la Serie de Campeonato y se quedó a un paso del cielo: perdió la Serie Mundial en siete juegos ante los Cardenales. Cuarenta y cuatro años después, aquella Serie sigue siendo la gran asignatura pendiente de la franquicia.
Los números de Molitor con los Cerveceros, entre 1978 y 1992, explican por qué su presencia pesa tanto. Conectó 2,281 hits, se robó 412 bases, dio 405 dobles y 86 triples, sacó 160 jonrones y empujó 790 carreras. No era solo un bateador: era un corredor valiente y un jugador completo, de esos que le cambian el ánimo a una entrada con un solo giro.
Su carrera, además, se extendió mucho más allá de Wisconsin. En 21 años en Grandes Ligas con los Cerveceros, los Azulejos y los Mellizos, acumuló 3,319 hits, 605 dobles y 114 triples, además de 234 jonrones y 1,307 impulsadas. En 1993 conquistó su anillo de Serie Mundial con los Azulejos y fue elegido Jugador Más Valioso del Clásico de Otoño. Es la redención de quien ya conocía la derrota de 1982 y no se quedó con ella. En 2004 entró al Salón de la Fama.
Y cuando colgó el uniforme, el béisbol no lo soltó. Fue instructor por varios años y después dirigió a los Mellizos, el equipo de su estado natal, Minnesota, entre 2015 y 2018. Los llevó hasta el Juego del Comodín de 2017, ya en plena postemporada.
Por eso el lanzamiento de esta noche tuvo algo de reencuentro. Molitor y Yount, el uno y el dos de aquellos Cerveceros, hoy ya no necesitan batear, ni correr, ni defender. Les basta con aparecer en el campo y dejar que el estadio haga el resto.
Los Cerveceros buscan por fin ese título que se les escapó en 1982. Mientras tanto, la historia ya está sentada en las gradas, y ayer y hoy la saludaron con una pelota en la mano.
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