Por Tony Rasmussen
DD+ia/Milwaukee
El derecho de los Rays de Tampa Bay volverá al estadio donde comenzó su carrera en las Grandes Ligas. Logan Henderson tendrá la responsabilidad de defender a los Cerveceros en el segundo juego del Clásico de Otoño.
Hay lugares que nunca se olvidan. Estadios donde se lanzaron las primeras pelotas, se escucharon los primeros aplausos y comenzaron a construirse los sueños de un pelotero.
Para Drew Rasmussen, el American Family Field de Milwaukee representa precisamente eso: el escenario donde empezó su historia en las Grandes Ligas.
Pero el béisbol, que suele escribir capítulos tan inesperados como emocionantes, lo llevará nuevamente a ese montículo este sábado, con una diferencia enorme: ahora vestirá el uniforme de los Rays de Tampa Bay y tendrá enfrente a los Cerveceros, su antiguo equipo.
Rasmussen llegó a las Mayores con Milwaukee antes de convertirse en pieza importante de Tampa Bay mediante el recordado cambio que llevó al dominicano Willy Adames a los Cerveceros.
Los caminos se separaron, pero quedaron los recuerdos.
Ahora regresa convertido en uno de los brazos más confiables de los Rays. Su efectividad de 1.29 en tres aperturas de esta postemporada refleja el extraordinario momento que atraviesa.
El mánager Kevin Cash decidió reservarlo para el segundo encuentro, concediéndole un día adicional de descanso y confiándole una responsabilidad enorme.
Rasmussen conoce el estadio, sus dimensiones, el ambiente y buena parte de la historia de la organización. Sin embargo, cuando comience el partido, los sentimientos tendrán que esperar.
Al otro lado estará Logan Henderson.
El derecho de Milwaukee se ha convertido en una garantía para el mánager Pat Murphy durante octubre. Fue el encargado del segundo juego en las series contra Filadelfia y los Dodgers, respondiendo con serenidad y eficacia.
Henderson no necesita protagonizar una exhibición de velocidad. Su fortaleza está en localizar los lanzamientos, trabajar con inteligencia y mantener a su equipo dentro del partido.
Tendrá, además, el respaldo de una afición que sueña con celebrar el primer campeonato mundial de los Cerveceros.
Será un duelo de derechos, pero también de emociones.
Rasmussen buscará derrotar al equipo que le abrió las puertas de las Grandes Ligas. Henderson intentará impedir que un antiguo compañero de organización se convierta en verdugo de Milwaukee.
Cuando llegue el primer lanzamiento, los recuerdos quedarán en las tribunas.
Porque la nostalgia puede acompañar a un lanzador hasta el montículo, pero jamás consigue los tres outs de una entrada.
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