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Robín Yount abrió la Serie Mundial con la bola de honor y una vida entera con los Cerveceros

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Robín Yount abrió la Serie Mundial con la bola de honor y una vida entera con los Cerveceros

Por Tony Rasmussen  
DD+ia/Milwaukee

Antes de que Jacob Misiorowski encendiera el radar, el American Family Field le dedicó un momento a la memoria. Este viernes, antes del Juego 1 de la Serie Mundial entre los Rays y los Cerveceros, Robin Yount salió al campo para lanzar la primera bola. No necesitó presentación: para Milwaukee, él es el uniforme.

Yount jugó sus 20 temporadas en Grandes Ligas, de 1974 a 1993, siempre con los Cerveceros. Una sola camiseta durante dos décadas, una rareza en el béisbol moderno. La afición lo vio crecer en dos posiciones: primero como torpedero y después como jardinero central, dos puestos que exigen virtudes distintas y que él ocupó con la misma entrega.

Su año más grande llegó en 1982. Fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana como campocorto y ayudó a que Milwaukee alcanzara por primera vez en su historia la Serie Mundial. La historia no tuvo final feliz: los Cerveceros cayeron ante los Cardenales de San Luis en siete juegos, una cercanía que dejó a la afición con ganas de más.

Siete años después, en 1989, Yount volvió a ser el Jugador Más Valioso de la Liga Americana, esta vez desde el jardín central. Su carrera fue una prueba de que supo reinventarse sin perder el nivel.

Los números lo confirman: 3,142 hits, 583 dobles, 126 triples, 271 bases robadas y 1,406 empujadas. En 1999 fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown, el reconocimiento que cierra una trayectoria de constancia y que explica por qué, 33 años después de su último juego, la ovación todavía le pertenece.

Hay una simetría difícil de ignorar. Yount perdió la Serie Mundial de 1982 y este viernes inauguró otra con su gesto. El equipo de su vida tenía de abridor a un derecho capaz de lanzar a 103.5 mph, el pitcheo más rápido registrado en la historia del Clásico de Otoño desde que se rastrean las velocidades. El béisbol de ayer entregaba la bola; el de hoy la tiraba con fuego.

Cuando la bola de Yount llegó al plato, el Juego 1 ya tenía su ceremonia, su leyenda y su público. La serie continuará el sábado con el Juego 2, también en Milwaukee, y el resto, como siempre, lo escribirán los de hoy.

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